1. PERIODO, COYUNTURAS
Y SENTIDO DEL MOMENTO HISTÓRICO.
Como en América Latina, los países económicamente
menos desarrollos de Europa, los así llamados “países del sur” (Grecia, Italia,
España, Portugal), poseen sustantivas diferencias y especificidades nacionales,
tanto sociales como políticas. Pero así también como en nuestro continente,
están sufriendo los mismos impactos de la política económica neoliberal, promovida
en su caso por la Unión Europea (UE); y los efectos, aunque desiguales, son
convergentes[1].
El enorme malestar social producto de
los resultados de las políticas económicas de reajuste del gasto fiscal y las
oleadas de resistencia tras los efectos de la crisis de 2008, han puesto en
evidencia el rol de la clase política y sus instituciones al servicio de los
intereses del capital financiero.
Todo esto implica también el
“entreguismo” con el que se volcó la socialdemocracia, la supuesta “tercera
vía”, al modelo neoliberal, las políticas de austeridad y la gobernanza
financiera. La demanda por la democratización de la sociedad y la economía,
expresa ese agotamiento de los partidos políticos socialdemócratas.
En España, la crisis de la
socialdemocracia es la crisis del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que,
como escribe Manolo Monereo, “ha terminado
convirtiendo en el brazo izquierdo de la derecha”[2]. El PSOE es el partido que
representa el régimen político-económico español, por su rol en la transición a
la democracia y la configuración de la nueva sociedad. Más específicamente, el
PSOE garantizaba la modernización capitalista neoliberal, alineaba los
intereses de los grupos económicos con el modelo y generaba enormes consensos en
los sectores trabajadores[3].
Pero el PSOE no lo ha hecho sólo. El
Partido Popular (PP), fundado en 1989, antes representado por José María Aznar
y hoy por Mariano Rajoy, personifica el espectro conservador y de derecha de la
política nacional, alineado con la monarquía y el ejército.
Lo que se ha llamado el “bipartidismo”
entre el PSOE y el PP, es una forma de organizar el poder y la
institucionalidad política de manera supeditada a los grupos económicos. Por
medio del bipartidismo, las clases dominantes controlan los poderes Ejecutivos
y Legislativos. El bipartidismo es el eje político del sistema, así como el de
su recomposición, por eso cuando sus líderes y actores hoy hablan, lo hacen más
bien como representantes del régimen que de sus colectividades.
No obstante, ante la crisis de régimen,
esta alianza ha tenido que sumar a un nuevo actor político que, si bien también
es parte del espectro conservador y de derecha, plantea una vía de
transformación o “transformismo”, posee un estilo mucho más transversal que el
PP y su emergencia como partido local (no nacional) que se ha estado
extendiendo en los territorios, ha aumentado su popularidad. Nos referimos a
Ciudadanos, con quien se ha creado recientemente un nuevo escenario de
tripartidismo.
¿Pero qué más ha pasado en España,
además de las políticas neoliberales y la emergencia de su crisis a partir de
2008, para llegar a este punto? Una percepción generalizada por parte de la
ciudadanía de la baja calidad de la democracia; una debilidad enorme (bajos
recursos, procedimientos burocráticos, nombramientos partidistas) de las
instituciones encargadas de fortalecer la sociedad civil ante el Estado y el
Mercado; corrupción generalizada entre los actores del sistema política y los
grandes empresarios[4].
A lo que se suma el
hecho de que España se volvió un país económicamente dependiente, es decir, fue
perdiendo su soberanía, limitando su democracia y volviendo el sistema de
partidos subalterno al poder económico. El carácter “periférico” que fue
asumiendo limitó el rol de las clases trabajadoras en la economía y las
políticas de austeridad terminaron por deteriorar las capacidades del Estado. Los países centrales, como Alemania,
Inglaterra y Francia, han ido imponiendo a España (como a los otros países del
sur) el modelo productivo acorde a sus intereses.
Esto había estado
“funcionando” durante 30 años, desde la Constitución de 1978, con estabilidad y
consenso social, con crecimiento económico, bienestar relativo y el destino
favorable que significaba pertenecer a la UE. Pero la crisis que inició en
2008, que generó enormes bolsones de desempleo, recortes sociales y a los
derechos laborales, no sólo generó un gran malestar social, sino que también
cuestionó a contrapelo los supuestos logros de la transición a la democracia.
La ciudadanía fue reinterpretando
ciertos elementos que articulaban la sociedad española y percibiendo con mayor
claridad que la clase política había estado siempre sometida a los intereses de
las grandes empresas, del establishment financiero, pero que ahora, “que
rescataba bancos y empresas, y que degradaba las condiciones de vida y de
trabajo de las mayorías sociales”, esto se volvía indignante[5]. La crisis de
régimen se asoció entonces con la crisis de la Constitución de 1978 y el pacto
social de la transición.
Fueron apareciendo pequeños partidos y
movimientos sociales de protesta. Se fue expandiendo el desapego de la
ciudadanía respecto al bipartidismo que ya no se diferenciaba en sus políticas
económicas y que reproducían un estilo verticalista de gestión. Y surgió, en
2011, el más grande movimiento social habido en España incluso desde antes de
la dictadura (1939), el Movimiento de los Indignados o 15M.
El PSOE perdió credibilidad, volviéndose
un partido convencional. Los políticos y sus familias eran cada vez más
percibidos como una clase privilegiada y corrupta. Y tanto el PP como el PSOE
fueron cometiendo errores políticos ante la aparición de la protesta, criminalizando,
cerrándose en sí mismos y profundizando su impulso clientelar y burocrático.
Una coalición de izquierda, Izquierda
Unida (IU), que había sido conformada a mediados de los 80 principalmente por
el Partido Comunista Español (PCE) y su principal dirigente Julio Anguita,
comenzaba a ver confirmados sus diagnósticos críticos ante la transición
española y el modelo neoliberal, pero sin capacidad de capturar el descontento
social[6].
Y lo mismo había estado pasando en toda Europa:
a pesar del gran malestar social, de la insatisfacción e incluso de las
protestas, no se expresaban opciones al sistema. Se creó un vacío político que no
fue ocupado por ninguna alternativa de transformación. Pero fueron surgiendo,
con grandes diferencias en sus estilos y capacidades, pero con no pocas
similitudes, Syriza en Grecia, Bloque de Izquierda en Portugal, el Movimiento 5
Estrellas en Italia, y en España, Podemos, que, en palabras de Boaventura de
Sousa Santos, “constituye la mayor innovación política en Europa desde el final
de la Guerra Fría”[7].
2. LA UNIVERSIDAD, LA TUERKA, EL 15M Y AMÉRICA
LATINA.
El grupo dirigente y fundador de Podemos
estuvo formado por profesores doctorados o en proceso de hacerlo, de la
Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de
Madrid, del ya famoso campus Somosagua, que ha sido denominado un laboratorio
político, un semillero de ideas. De ahí surgieron Pablo Iglesias, Juan Carlos
Monedero, Iñigo Errejón, Carolina Bescansa, Ariel Jerez, German Cano, pero
también influencias directas como Jorge Verstrynge y Carlos Fernández Liria.
En Somosagua,
especialmente desde la asociación de estudiantes “Contrapoder”, coincidieron
varios activistas sociales y políticos que desarrollaron experiencias dentro y
fuera de la universidad, tanto desde el movimiento estudiantil como en el
movimiento antiglobalización, el Foro Social Mundial (2001), las protestas
contra la Guerra de Irak (2003-2004) y la Primavera Árabe (2010-2013).
Muchos de ellos,
muy jóvenes, también tuvieron militancia de IU, pero habían abandonado la
colectividad puesto que tras la salida de Julio Anguita de la dirección del
movimiento, se desplegó una política de acercamiento hacia el PSOE y de pactos
electorales. Además, IU no era capaz de sintonizar con las prácticas y nuevas
formas del movimiento social.
En el campus de
Somosagua se fue generando una experiencia comunicacional y audiovisual en
acuerdo entre la Facultad y Tele-K, una emisora local. Desde allí se fue
gestando La Tuerka y más concretamente lo que se denominó la Hipótesis Tuerka.
La Hipótesis Tuerka plantea que la tarea
fundamental es dar la batalla en el campo hegemónico para disputar la creación
de subjetividades políticas, lo que debe llevarse a cabo desde un dispositivo
coherente a esa batalla, dispositivo que no es sino audiovisual, y como parte
de la cultura española, especialmente la televisión, desde donde se forman
imaginarios, significados y consensos.
Así surge, en 2010, La Tuerka, un
programa televisado de tertulia política en Madrid. Y es que ni desde el
espacio académico ni desde el espacio tradicional de la política ni sus formas
de propaganda clásica, podían difundir los discursos y significados que
pudieran volverse hegemónicos. Se requería de un espacio mediático[8].
Cuando el 15 de Mayo de 2011, el 15M,
estalla el Movimiento de los Indignados y miles de personas se movilizan bajo
la consigna “no nos representan”, cuestionando el orden establecido, se asomó
una oportunidad histórica y era el momento de la audacia. Se había abierto una
ventana de oportunidad política y no se podía desaprovechar.
Con la aparición de los Indignados, La
Tuerka adquirió prestigio y ocupó un lugar desde donde se podía dar sentido a
los acontecimientos, cuestión que los otros programas de televisión y de radio
muy difícilmente podían lograr y más bien lo que buscaban era desprestigiar al
movimiento social.
No obstante, el 15M también había sorprendido
a los mismos realizadores de La Tuerka y los ya existentes círculos de Podemos.
Incluso hubo ciertas tensiones entre las Asambleas de los Indignados y los
Círculos, puesto que en los primeros parecía haber un rechazo total a cualquier
tipo de política partidaria y los Círculos incluso habían tenido conversaciones
con IU, aunque estas fueran rápidamente descartadas. Y así en el Movimiento de
los Indignados se fue dando un debate en torno a politizar o no el movimiento
social.
Podemos surge de las redes ciudadanas en
torno al Movimiento de los Indignados y luego de lo que se denominó “las
mareas”, que eran articulaciones de trabajadoras y trabajadores de la salud y
de la educación especialmente, organizadas contra las política de austeridad. El
objetivo era traducir y dar dirección política al movimiento social. El 15M fue
una expresión de la crisis y más que una alternativa, mostró a su vez sus
propios límites ante las capacidades del
sistema de corregirse o recomponerse.
La política comunicacional de Podemos
fue mucho más exitosa tanto de IU como los mismos sectores asambleístas del
15M. Y el mismo Pablo Iglesias desplegó sus esfuerzos para presentarse en todos
los programas de televisión donde lo invitarán, popularizando profundamente su
imagen. Y a La Tuerka en Tele-K, se sumó Fort Apache, en Hispan TV[9].
Tras el 2011, se fue conformando
Podemos. Fue un proceso de muchísima reflexión y cuestionamiento, hasta llegar
a las elecciones europeas de mayo de 2014 donde obtienen cinco eurodiputados. Y
a medida que las asambleas de debilitaban y desmovilizaban, se fue generando un
traspaso de miembros hacia los Círculos.
Sin embargo, durante ese tiempo, algunas
asambleas siguieron funcionando y se fue publicando un periódico propio. La
diferencia radicaba en el horizontalismo promovido por las asambleas y
representado muy bien en un personaje que volveremos a encontrar más adelante,
Pablo Echeñique, contra cierto verticalismo surgido del círculo de Pablo
Iglesias.
Dos diferencias claras entre Podemos y
el 15M son la centralidad del líder, y el uso de los medios de comunicación,
ambas cuestiones a la que los Indignados se resistieron, promoviendo vocerías y
rotatividad en los cargos y una crítica radical a los medio de comunicación
oficiales y la creación de medios propios, independientes[10].
Un sector de Podemos ha permanecido con
mayor apego a las Asambleas y a otros movimientos sociales, los
Anticapitalistas, quienes paradojalmente según el carácter antipartidistas del
movimiento de los indignados, representan el sector más a la izquierda al
interior de Podemos.
Tras 2011 vino la experiencia en América
Latina. Como profesionales de las ciencias políticas se interesaron
sustantivamente por los procesos de cambio en la región, especialmente en
Venezuela y Bolivia. Desde hace tiempo también se tenían algunos contactos
generados desde IU, especialmente por un antiguo encargado de política y
formación que también se había alejado de la organización para pasar a Podemos,
Manolo Monereo, y el mismo Juan Carlos Monedero, quien fuera asesor del gobierno
venezolano (2005-2010).
Para 2013 Pablo Iglesias se encontraba
como analista político en varios programas de televisión. Pero no era un
trabajo individual. Tras las pantallas y más allá, Pablo Iglesias mantenía
conversaciones, espacios de formación, de análisis, con el grupo desde donde
desplegaban esa estrategia comunicacional, pasando horas antes de salir por
televisión para “traducir” sus análisis académicos a un lenguaje de sentido
común pero que diera argumentos y herramientas a las personas. Ahí se fue
conformando su equipo para la campaña en las elecciones Europeas.
3.
LA CASTA, LA TRAMA Y EL DRAMA PSICO-SOCIAL.
El Movimiento de los Indignados y el 15M fue una movilización social sin
precedentes. En las calles, por la protesta, se reclamó democracia real,
protección social y defensa de las libertades civiles. Estuvo conformado por
sectores de trabajadores, especialmente los más precarizados y cuyos sindicatos
demostraban no tener eficiencia; sectores medios cada vez más proletarizados; y
la juventud, desempleada y sin expectativas.
Escribe Manolo Monereo que “lo natural hubiese sido que este movimiento
se hubiese dispersado en lo social y que Izquierda Unida (IU) hubiese
incrementado fuertemente voto y representación parlamentaria. No fue así”. Podemos
surge con la capacidad de sintonizar tanto con los objetivos como con las
practicas del movimiento social. Escribe Monereo: “Podemos consiguió lo que la
izquierda de Julio Anguita no fue capaz: construir una fuerza política que le
disputaba la hegemonía al PSOE. Esto puso en crisis al sistema de partidos y al
propio régimen”[11].
Pero esto no sólo era posible por ciertas capacidades y dispositivos
desarrollados por el movimiento social o Podemos, sino por los
resquebrajamientos mismos del sistema, que estaba poniendo en evidencia que los
que gobernaban realmente ni siquiera se presentaban a elecciones, acumulando un
enorme poder económico y capacidad de controlar a la “clase política”.
Entonces, crisis de régimen, precarización de las condiciones de vida,
movilización social, surgimiento de una alternativa, fueron dando forma al
nuevo contexto político Español que expresaba la crisis de la Constitución y
los concesos de 1978.
Pero era fundamental crear un elemento más: la definición del adversario,
puesto que sin adversario la política pierde orientación. Ese adversario fue
denominado “la casta”. La casta, una palabra que se escuchó en toda España y
más allá, por televisión, las radios, las asambleas, en las plazas.
El concepto “casta” ponía en el foco de atención los privilegios de la
clase política y sus esfuerzos por mantener la gobernabilidad, contener los
movimientos sociales y reproducir la burocracia. De esta manera se “construyó”
discursivamente a un sector dominante pero deslegitimado y a la vez se les permitió a las clases subalternas
asumir una identidad propia, la gente, los ciudadanos.
El concepto tuvo una eficacia social sustantiva, pero tenía un problema,
era incompleto. Sin embargo era incompleto en el análisis, no así en su
capacidad de intervención política, y por eso no fue cuestionado. ¿Pero qué
significa ser incompleto en el análisis? Precisamente porque lo que se
acentuaba con el termino “casta” eran las características de la “clase
política”, mientras que en el fondo lo que se expresaba era la relación de esa
“clase” con los otros poderes de la sociedad. Y precisamente el enorme poder
del gran empresariado y del capital, era lo que les permitía controlar tanto la
clase política como el Estado. En una frase: estaban mandando quienes no se
presentan a elecciones[12].
Manolo
Monereo ha planteado otro concepto, que no recibió ninguna clase de popularidad,
pero en términos analíticos es mucho más completo: “la trama”, que expresa
precisamente que el tema de fondo es “la oligarquización de la economía, de
la sociedad y de la política”… Con el concepto “trama” se articula la clase
política, la gran clase empresarial y los poderes mediáticos, en contra del
bien común y el interés general de la nación: “existe un mecanismo único que
organiza una matriz de poder (para hablar con rigor) entre el capitalismo
monopolista-financiero, los poderes mediáticos y una clase bipartidista
corrupta y dependiente del capital”[13].
Y otro elemento que parece expresar muy
bien el concepto de “trama” es que ésta se organiza, conspira, se articula,
controla, despliega la corrupción. Y en este sentido, la corrupción misma no
sería algo así como una desviación del sistema, sino parte de su entramado
mismo.
Por último, para definir con mayor
claridad el modo de funcionamiento de “la trama” Manolo Monereo ha ocupado el
concepto de “drama psico-social”, expresando su forma de actuar ante los adversarios
políticos como Podemos. La trama arma un drama psico-social mediático para
perjudicar al antagonista, pero no sólo para criticarlos o denunciarlo, sino
directamente para criminalizarlo, creando odio y miedo. Monereo escribe: “Detrás de estos psico-sociales siempre
están, en primer lugar, un medio de comunicación potente, que pone en marcha
una supuesta investigación periodística que descubre conexiones entre la fuerza
política emergente y las diversas facetas del mal”[14].
Esto es
lo que ha tenido que pasar Podemos, a quienes no se les ha dado tregua, siendo
combatidos no sólo como adversarios políticos, sino como criminales
antisistema. Crear miedo, esto ha buscado la trama, la casta.
Y es
que, ¿qué podría estar en las antípodas del miedo, en las antípodas de los
poderes fácticos y del bipartidismo? Pues la soberanía, la soberanía popular y
su horizonte de justicia social y democracia.
4. PARTIDO Y
ESTRATEGIA, IDEARIO Y PROGRAMA.
Podemos se plantea
una voluntad clara de ser gobierno y de tener poder, y esto es algo que les da
tanto audacia como verosimilitud, ante una izquierda que se volvía una muleta
del PSOE o permanecía en la marginalidad absoluta. El objetivo es la
construcción de un partido de masas que movilice y organice a las mayorías
sociales, con mecanismos internos democráticos y participativos, prefigurando
así también la sociedad que se plantea como horizonte a construir.
Para esto se
requiere también “dirección política” y esto es lo que ha generado el llamado
“equipo dirigente”, desde donde se concibe un análisis e impulsos para que en
todas las ciudades, pueblos, plazas, centros de trabajo donde se organicen los
Círculos se genere un proyecto coherente y con capacidad de interpelación
social.
El equipo dirigente
ha tenido que impulsar ideas que en un comienzo las propias bases rechazaban,
pero que al fragor de la construcción han ido asumiendo el sentido y la tarea,
como por ejemplo el acuerdo entre Podemos e IU, lo que se llamó Unidos Podemos
(mayo de 2016), que no es sino la alianza político-social, a nivel nacional,
que se requería para avanzar en las grandes dimensiones de la política para una
transformación nacional. Monereo escribe: “Unir, sumar, converger, esa debería
ser la tarea de la forma-partido que es Podemos”[15].
El equipo dirigente
ha tenido que ir un paso más adelante que los Círculos, pero muchas veces donde
ha avanzado, para bien o para mal, demasiado, ha tenido que volver a escuchar a
los Círculos. El equipo dirigente se había planteado con mayor claridad la construcción
del poder social, la hegemonía y la democratización, pero ha tenido que
retornar cada vez más a los círculos para que esos impulsos se vuelvan más
reales y duraderos.
Lo que ha pasado es
que los tiempos de los Círculos no son los mismos que el de la política
nacional, entonces es ahí donde el equipo dirigente ha mostrado su capacidad
de, como dice Monereo, “hacer política en tiempo real”[16].
Esto es fundamental
puesto que la crisis de régimen pasa principalmente por una crisis de sentido,
de hegemonía, es decir, una crisis de dirección social y moral, y por la
pauperización de las condiciones de vida de las grandes mayorías, pero no por
una crisis de poder institucional. El Estado, la burocracia, los partidos, los
medios de comunicación, las fuerzas
armadas, la monarquía, en definitiva, “la trama”, siguen manteniendo poderes
enormes. Si se usa la metáfora del centauro maquiavélico, se puede decir que lo
que está en crisis es el “consenso”, mientras la “dominación” no ha sido
posible de ser cuestionada[17].
Y ahí está la
centralidad de la política, no cómo crear una instituionalidad que ocupe el
lugar vacio del consenso y la hegemonía, sino cómo impulsar a la gente, las
clases subalternas, los jóvenes, las familias, a definir su futuro y a crear
justicia social, en una palabra, a crear soberanía contra la dominación. ¿Cómo
hacerlo? Con procesos de democratización, de la sociedad, la política y la
economía. Esto era la idea fundamental de pasar la movilización de los indignados
a la construcción de una alternativa política[18].
En el
proceso de prefiguración de la sociedad por construir, Podemos debe ser y es
una organización democrática que se diferencie del verticalismo de los partidos
tradicionales como el PSOE y el PP. Debe ser a la vez capaz de movilizarse y de
gestionar, de ser crítica y oposición a la vez que genera propuestas y
alternativa. Y esto ha tenido que hacerse en un contexto de crítica y
criminalización por parte de “la trama”. La democracia, la transparencia, la
innovación, el vínculo con los territorios y los Círculos, la deliberación y el
debate, la alegría y la fraternidad, han tenido que ser no sólo valores por
construir sino herramientas de la política misma.
Un
elemento central en el ideario y el programa de Podemos es la cuestión de la
redistribución del gasto público y la recuperación de los derechos sociales.
Como escribe Pablo Iglesias: “Jamás la exigencia de más democracia estuvo más
vinculada a la economía y jamás la denuncia de la corrupción estuvo tan
dirigida hacia los mecanismos institucionales que habían permitido a las élites
enriquecerse a costa de lo público”. Ese ha sido el tema central del programa
de Podemos, y la falta de una elaboración más profunda de un programa tiene que
ver con que precisamente lo que está en crisis es la cuestión del consenso y
aún no se ha podido disputar el poder[19].
Para Boaventura de Sousa Santos, al
surgir Podemos del aprendizaje colectivo de las movilizaciones sociales, de la crítica
a la política institucional, de la creatividad de los indignados, de las
protestas en las calles, de la participación ciudadana, de la coordinación por
internet y redes sociales, tenía que también convertirse en un tipo nuevo de
partido y esto es lo que llama un “partido-movimiento”[20].
Aquí se expresa la necesidad y la razón
por la que se mantiene un vínculo estrecho con los movimientos sociales, pero
también el de reproducir esos rasgos y procedimientos organizativos de los
propios movimientos como asambleas, plebiscitos, movilizaciones,
horizontalidad. Pero sin embargo han tenido que mantener grados de
centralización y dirección, así como participar de los procesos institucionales
y electorales que muchos de los movimientos sociales rechazan.
Un dispositivo complejo de abordar por
parte de Podemos, que les ha merecido no pocas críticas, es la cuestión de ser
“ni de izquierdas ni de derechas”. Ciertamente el equipo dirigente de Podemos
no sólo es de izquierda, sino que asume para sí la tradición del marxismo
revolucionario, aunque con elementos heterodoxos y críticos. Pero el discurso de
los movimientos de los indignados, que excedió no sólo al bipartidismo sino a
IU, que intentaba expresar a “la inmensa mayoría de la sociedad”, reproducían
esta idea de no ser ni de izquierda ni de derecha[21].
Podemos tuvo que asumir este perfil
pragmático y ecléctico. Pero porque efectivamente la distinción
izquierda/derecha en un contexto de bipartidismo, sobre todo con un PSOE que se
apoyaba en el imaginario de izquierda y de haber luchado contra la dictadura,
la distinción perdió sentido político y no explicaba procesos y tensiones como
sí lo hacían la distinción entre lo viejo y lo nuevo, los de arriba y los de
abajo, la casta y la gente[22]. El
esfuerzo de rehuir a esa distinción tenía que ver con no ser asimilados a la
“vieja izquierda”, pactista y entreguista, tradicionalista y verticalista, ni
con la izquierda marginal y testimonial.
Por lo tanto, la cuestión no es que se
reniegue de ser de izquierdas, sino que “ser de izquierda es un punto de
llegada y no un punto de partida y, por tanto, se demuestra en los hechos”[23]. ¿Y
cuáles son esos hechos? La movilización social y la lucha institucional por
demostrar la ilegitimidad de la deuda, promover auditorias ciudadanas, asegurar
una renta básica universal, nacionalizar algunos sectores estratégicos de la
economía, disminuir la jornada laboral y la edad de jubilación, poner límites a
los altos sueldos. Y estas ideas programáticas de Podemos no sólo han recibido
críticas del PP sino del mismo PSOE, lo que lo ha situado y evidenciado como un
partido más cerca de la derecha y los grandes empresarios que de la gente.
La mayoría social, en las calles,
protestas, las plazas, las asambleas, no se ubicaban a sí mismo a partir de los
ejes izquierda/derecha. Por lo tanto,
había que buscar otros elementos que explicaran la sociedad, pero
también que permitieran intervenir en ella y aglutinar a sujetos sociales. La
misma derecha y los medios de comunicación buscan constantemente situar a
Podemos en la izquierda y había que salir de ahí, aunque eso significará asumir
importantes contradicciones y ser criticados por la izquierda.
¿Pero cómo sustituir la distinción
ideológica izquierda/derecha? La respuesta también fue audaz y no con pocas
contradicciones. El eje divisorio no era sino el de la democracia y la no
democracia, el de la democracia como participación y deliberación o la
democracia como simple procedimiento. Por mucho que las personas voten, eso no
las hace ni ciudadanos ni hace que el país sea democrático, puesto que las
decisiones verdaderamente definitorias se encuentran en los poderes facticos,
en esos que no se presentan a elecciones. Además, la gente puede votar, pero si
no tienen pensión, trabajo, vivienda, no se puede definir a una sociedad como
democrática. “Pensaron que si se
conseguía hacer que la gente entendiese que no hay democracia sin servicios
sociales y sin leyes que persigan a los corruptos, se encontrarían con una
mayoría social muy amplia del lado de los demócratas, y que por definición,
estaría en contra de los no demócratas. Entonces el cambio sería posible”[24].
Esto planteó también una diferencia
sustantiva con la izquierda, esa izquierda más allá del PSOE e incluso de IU,
la de sectores más libertarios o “revolucionarios” que no habían mostrado
ningún tipo de eficacia política ni social. Uno de los intelectuales españoles
contemporáneos más influyentes en Podemos, pero que se ha mantenido orgánicamente
al margen, es Carlos Fernández Liria.
La tradición marxista, dice Fernández
Liria, especialmente el marxismo-leninismo, planteó que el derecho, la ley, la
ciudadanía, las libertades individuales, la separación de poderes, el
parlamento, la democracia representativa e incluso los derechos humanos, no era
sino ideas “burguesas” que había que derrocar para inventar instituciones
totalmente proletarias. De este modo, “el enemigo se apropiaba de Kant, Locke,
Rousseau o Montesquieu y nosotros, nos quedábamos con Stalin y Mao o con
algunas lúdicas ocurrencias herederas del 68”[25].
En España el único que luchó a contrapelo de estas ideas y que precisamente
promovió los derechos humanos como una forma de justicia social fue,
nuevamente, Julio Anguita.
Para Fernández Liria la tarea es
reivindicar los derechos y las instituciones de la república, al mismo tiempo
que se demuestra en el mismo proceso social, que son incompatibles con los
poderes facticos, los intereses promovidos por la UE y los mercados
financieros, para quienes no importa ni la ley ni la patria ni los ciudadanos.
Podemos ha planteado, precisamente, esta
defensa de las instituciones, de la ley, de los derechos, la soberanía, la
independencia real de los poderes. En el fondo, de lo público y republicano,
contra el secretismo dictatorial del capital y las corporaciones económicas.
5. TRADUCCIÓN,
TRANSVERSALIDAD Y CENTRALIDAD POLÍTICA.
La Hipótesis Tuerka plantea, por un
lado, el análisis de una situación histórica en el que se abren grietas en el
régimen político y una ventana de oportunidades para la construcción de una
alternativa, con la obligación de intervenir en el plano correcto de la lucha
por el sentido de la dirección de la sociedad, que no es sino en el de los
medios audiovisuales y los medios de comunicación de masas.
Pero todo esto implica también no sólo
una decisión de cuestionarse los métodos tradicionales de la agitación y la
propaganda política, sino también la forma de esa intervención, los estilos y
medios. A lo que se agrega saber
distinguir con claridad entre el momento o la lógica del análisis político, por
un lado, y el de la intervención política, por otro. Tres conceptos se han
asociado a esta lógica de la intervención política en los medios audiovisuales:
la transversalidad, la traducción y la centralidad.
En estas tres formas de intervención
política se requiere un esfuerzo de simplificación, pedagogía, divulgación del
mensaje. La empatía y el lenguaje del sentido común son una característica
compartida. Esto no ha sido poco criticado por la izquierda, incluso por IU,
quienes se han preguntado si esto no es renunciar a las categorías de análisis
clásicas como “relaciones de producción” o “conciencia de clase”, por ejemplo.
Y es que precisamente una de las
dificultades de la izquierda para, no digamos construir mayoría social, sino
incluso para crecer socialmente, es su apego a estas categorías que
difícilmente se incorporan al lenguaje común y su negativa de realizar un
proceso de “traducción”. Sus mensajes, entonces, se reproducen en espacios
propios de la izquierda o la academia, pero no en los barrios y ni siquiera ya
en los sindicatos. La gente normal, por decirlo de algún modo, que no tiene ni
el nivel académico ni el compromiso militante, queda marginada del espacio de
la propaganda clásica[26].
Todo esto implica dos cosas, por un
lado, que la construcción de una alternativa y de un sujeto político de
transformación, requiere un lenguaje compartido que genere procesos
identificatorios en la resistencia, la organización y la lucha, y por otro,
asumir también que el campo de batalla, sus armas e incluso tácticas, están más
allá de nuestras elecciones, sino que en las del adversario, que impone sus
términos.
Esta también es la razón por las cuales
asumir el abandono táctico del eje izquierda /derecha: la gente no encuentra el
sentido a dicha distinción ni menos se identifica con uno de los polos. Aunque
como dice Manolo Monereo: “No decimos que esto ya no cuente; lo que decimos es
que ya no es determinante”[27].
Para lograr definir un discurso
alternativo para la construcción de un sujeto social mayoritario, que exprese
sus aspiraciones, se requiere de una transversalidad política amplia que no
sólo se sostiene en los cambios estructurales de las sociedades capitalistas
sino también en las subjetividades.
Pero lo esencial, de cualquier modo,
es la definición de una “polarización social”, de un “antagonismo”, una
definición precisa de un “enemigo”. ¿Cuál ha sido esta polarización promovida
por Podemos pero presente ya en los Movimientos de los Indignados? “… la que
opone a una minoría privilegiada y dotada de un enorme poder, a las mayorías
sociales, al pueblo”[28].
Podemos se ha
planteado la vocación de mayorías sociales y de ser gobierno, el desafío de
construir una fuerza político-social con capacidad de construir una alternativa
y un nuevo régimen político, democrático y soberano. La transversalidad radica
en poder dialogar con actores más allá del eje izquierda/derecha y avanzar
hacia un pueblo / no puedo, demócratas / no demócratas, los de abajo contra los
de arriba, la gente contra la casta. Y en esa gente habrá trabajadores,
estudiantes, desempleados, adultos mayores, familias, profesionales,
emigrantes, agrupaciones feministas, los pequeños y medianos empresarios. En definitiva,
quienes no viven del trabajo ajeno.
Pero, como
decíamos, el campo de batalla e incluso sus armas y tácticas son más una
elección del adversario que nuestra. Para esto se requiere un proceso de traducción
y transversalidad política que permita construir un sujeto social mayoritario.
Pero también requiere la capacidad de definir con claridad cuáles son los
temas, las reivindicaciones, los contenidos que permiten generar esos procesos
identificatorios, sostenidos en elementos tanto estructurales como subjetivos.
La centralidad, ha dicho
Pablo Iglesias, no es el centro político, sino ese espacio del tablero político
donde se construyen mayorías[29]. No es estar en el
“centro ideológico” de, por ejemplo, IU o la izquierda y el PSOE y el PP, sino
en la construcción de un discurso capaz de interpelar a la sociedad,
movilizarla y acorralar a la casta política. El rechazo a la clase política
percibida como corrupta, la reivindicación de los derechos sociales y mayor
justicia social, la soberanía como base de la democracia contra los intereses
de los poderes facticos, la democratización misma de la economía, son temas que, puestos en el centro del
tablero, permiten la definición de amigos y enemigos, de aliados y adversarios.
Ocupar la
centralidad del tablero político y señalar con claridad los contenidos del
debate y a los adversarios de la gran mayoría social, los verdaderos
responsables de la crisis y quienes socaban la calidad de vida de la gente, ha
sido lo que le ha permitido a Podemos pasar de ganar cinco puestos en el
Parlamento Europeo a volverse una alternativa política nacional en España,
contando con casi 500.000 inscritos, y sin contar los representantes de IU y
Juntos Podemos, 5 eurodiputados, 16 senadores, 43 diputados, 137 miembros en
los parlamentos autonómicos, 20 representantes en la junta del País Vasco.
6. DERIVA POPULISTA
Y PROYECTO NACIONAL-POPULAR.
Lo que fue denominado como “populismo de izquierda”, para definir a
Podemos, provenía de las influencias latinoamericanas, y era utilizado como una
forma de denostar, tanto de sectores de izquierda como de derecha, a una
estrategia ambigua tanto en el sujeto político como en su programa e ideario.
Pero en esta idea de populismo también se expresa el acto de aprovechar
una coyuntura crítica, con sentido del momento histórico, y con un mensaje
simple y eficaz para captar el malestar social contra el recorte de derechos
sociales, la corrupción, la casta privilegiada, el desempleo.
Este discurso de antagonismo entre una
casta corrupta y la gente idealizada, sumados a las propuestas de solución de
las reivindicaciones sociales pero sin formulas concretas, fue lo que llamarón
“populismo de izquierda”. Contra los
“poderosos”, la gente. Ese lenguaje directo, de sentido común y con un alto
tono moral era menospreciado ante un lenguaje supuestamente responsable de la
gobernanza del bipartidismo. Contra el tecnocratismo de los expertos, la
voluntad popular del cambio.
El populismo de Podemos expresa
precisamente esa dificultad de un concepto que se ha llamado “polisémico”, un
concepto que pueden usar para denostarlo tanto periodistas de derecha como
izquierdistas. Pero en Podemos es entendido de forma distinta, y a riesgo de
contradecir lo dicho a propósito de la simplificación del discurso, desde una
sofisticación académica y analítica que los críticos, de derecha e izquierda,
no lograron entender.
La deriva populista, como la denominó
Ernesto Laclau, surge a partir de situaciones políticas de crisis, de
sociedades desarticuladas, de la dicotomización de la sociedad, con una
destrucción de las identidades culturales y políticas solidas (como las
sindicales o partidarias, por ejemplo), con una democracia limitada que
permitía la gobernanza y la desmovilización de la sociedad civil, manteniendo
la enorme influencia de los poderes facticos. Pero el resquebrajamiento del
régimen abre una ventana de oportunidad para un proceso de cambio e incluso
instituye nuevos valores sociales. Se establece entonces un vacío, tanto de los
lugares de la legitimidad política como de una alternativa a ocuparlo, un vacío
de gobierno pero también de alternativa[30].
Surge allí una polarización social en
torno a identidades minoritaria y más liquidas, pero que va generando una red
de articulación de sus demandas, una “cadena de equivalencia” entre, por
ejemplo, la demanda de los estudiantes, con la de los desempleados, con los de
la gente que sufre de la disminución del gasto social, contra la violencia de
género, etc. Surge allí un sujeto social heterogéneo, difuso e incluso confuso,
pero que va generando sus propios símbolos, su propio lenguaje y sus
repertorios culturales y de movilización.
De este modo, “populismo” no es aquello
que se intenta desacreditar ya sea por un oportunismo sin sujeto, como dirían
algunos en la izquierda, ni como una irresponsabilidad rupturista, como dirá la
derecha, sino una forma de articulación de sujetos políticos en torno a la
construcción de una alternativa, a la construcción del pueblo.
La interpelación, en un momento de
crisis de régimen, a este sujeto difuso, el pueblo, y el llamado a construir
una identidad en torno a un adversario, las elites; la creación de recursos
simbólicos y de movilización, incluido el de un líder carismático; y la
complementariedad de demandas plurales insatisfechas contra el ímpetu de
diferenciarlas por parte de la gobernanza. Todo aquello crea la deriva
populista.
Pero la reacción
del sistema político tenía que venir y la derecha ha ido recomponiéndose
ante tanto desafío y ha comprendido que debía frenar el crecimiento de Podemos.
Para eso ha surgido Ciudadanos, que también ha aprendido que el populismo como
forma de articulación política genera una eficacia sostenida, pero además
cuenta con mayores recursos económicos y control de los medios de comunicación.
Y al irrumpir Ciudadanos, el discurso anticorrupción, contra la casta, por
mayor igualdad, se vuelve débil y ambiguo[31].
Y es entonces donde en el centro de esta
deriva populista se encuentra la pregunta determinante que toda organización
con voluntad de ser alternativa se debe plantear: “¿cómo construyen
poder los que no tienen poder?”[32]. En la creación de
recursos simbólicos y de movilización, en el surgimiento de liderazgos, en el
planteo de un ideario y complementariedad de reivindicaciones heterogéneas, la
cuestión de la organización y la militancia vuelve a ser central.
Aquí es donde el populismo comienza a
tomar su forma política más esencial, es decir, donde empieza a configurarse el
paso entre la deriva populista y el proyecto nacional-popular, un proyecto
posible, deseable, capaz de suscitar grandes apoyos y compromisos, a partir de
participación y consenso social, con el objetivo de crear un nuevo proyecto de
país.
Para protegerse de
la voluntad de los grandes grupos financieros que han carcomido el aparato del
Estado, corrompiendo a la clase política y limitando la democracia, la ciudadanía,
la gente, debe luchar por sus derechos sociales, crear un orden basado en la
justicia y el derecho, que cree dignidad y seguridad. Aquí radica también lo
central de la soberanía, soberanía en el país pero también en las comunidades,
soberanía de las y los vecinos de decidir en sus barrios y de las identidades
interculturales de definir sus formas de vida.
Un proyecto
nacional-popular no se restringe a una “nación imaginada”, sino construida en
la organización y en la lucha, donde caben trabajadores, profesionales,
estudiantes, desempleados, feministas, migrantes, medioambientalistas, que buscan no sólo la independencia del país
ante la dictadura de los grupos económicos globales y las instituciones de
gobernabilidad global como la UE, sino también la soberanía popular y
comunitaria. Y la lucha por la soberanía es también la lucha por la democracia
y la democratización, esto es: “el derecho a decidir sobre los marcos
territoriales, pero también el modelo económico social, la dotación de derechos
sociales, políticos y culturales y la concreción de los deberes colectivamente
admitidos”[33].
7.
VISTALEGRE II Y EL DESARROLLO DEL PODER POPULAR.
El debate que en Podemos llevó a
anticipar de manera extraordinaria las elecciones del Consejo Ciudadano (principal
órgano resolutorio) y al propio Secretario General de la organización, en el
encuentro que se denominó Vistalegre II, puso en juego la línea política
estratégica de los próximos tres años (2018-2020), donde se expresó de manera
confusa y velada, la cuestión de la deriva populista y la construcción de un
proyecto nacional-popular.
Dividido Podemos internamente en tres
sectores, cada un planteó su propio proyecto político y organizativo para un
periodo caracterizado por la puesta en marcha de una estrategia de contención
de los movimientos sociales, saneamiento del resquebrajamiento y mantención de
la gobernabilidad que hizo que el PSOE rechazará pactar con Podemos e IU y
apoyará al PP y Ciudadanos, configurando un nuevo espacio de tripartidismo.
Las diferencias se venían produciendo de
forma soterrada, aunque se empezaron a exponer por los medios de comunicación,
lo que les permitió a los adversarios de Podemos un gran espacio de crítica.
Por lo tanto había que resolverlo y la única manera política de hacerlo era
renovar sus órganos de dirección.
Una de las fuerzas al interior de Podemos
son los Anticapitalistas, que no han variado sus ideas programáticas desde su
llegada a Podemos, y que si bien al mismo tiempo dichas ideas los ha vuelto los
más minoritarios también son los más cohesionados. Proponen un ambicioso
proyecto de transformación radical con un lenguaje del marxismo revolucionario clásico,
pero sin rehuir ni de reivindicaciones transversales ni del centro del tablero
político, como por ejemplo demuestran sus planteamientos de auditoria ciudadana
a la deuda, gestión colectiva de los bienes comunes, renta básica universal,
proceso constituyente para modificar la Constitución del 78. Y lo han hecho sin
dejar de plantear el eje de la lucha de clases como definitorio en última
instancia.
Si bien en Vistalegre I, el primer
encuentro político y orgánico, los Anticapitalistas tenían tensiones con el
equipo dirigente liderado por Pablo Iglesias, ha habido acercamientos,
precisamente porque ese equipo dirigente se fue dividiendo tras las elecciones
generales de 2016 entre el Secretario General y el Secretario Político, Iñigo Errejón.
No caeremos en la simplificación de
decir que la diferencia entre Iglesias y Errejón consiste en priorizar la
protesta social o la institucionalidad, la ruptura o la reforma, la autonomía o
la supeditación al bipartidismo.
La posición de Errejón y su equipo
consiste en tener una lectura distinta para este periodo por venir y que se
expresa con la idea de que el proceso de crisis de régimen se detuvo tras el
acuerdo electoral del PSOE, el PP y Ciudadanos, operándose de este modo un
periodo de restauración. Por lo tanto, lo que habría que hacer es aprovechar
los logros institucionales para negociar reformas favorables para los sectores
populares. Todo esto no sólo por la derrota electoral sino también por una
clara disminución en el ciclo de lucha y organización expresado, por ejemplo,
en los Círculos.
Pablo Iglesias y su equipo, pero también
con el apoyo de Juan Carlos Monedero y Manolo Monereo, considera que la crisis
del régimen no se ha detenido y que la tarea es seguir profundizando los
resquebrajamientos, mantener y profundizar la organización y la militancia,
sostener la protesta por los derechos sociales y en contra de los reajustes
neoliberales, mantenido la movilización social y apoyándose también en la
institucionalidad ganada. Como lo ha dicho en distintos foros y debates previos
a Vistalegre II, citando abiertamente el proceso de la Unidad Popular liderado
por Salvador Allende en Chile, de lo que se trata es de “Luchar, crear, poder
popular”.
Esto implica también el cambio de la
forma partidaria de Podemos, para pasar de ser una “maquina electoral” a un “partido
de masas, sólidamente insertado en el territorio, ligado al conflicto social y
a los movimientos, con capacidad de propuesta alternativa desde el punto de
vista de las clases subalternas”[34]. Lo
que a su vez implica el fortalecimiento de la militancia… Y es por esto que
desde mucho antes a Vistalegre II, el propio Pablo Iglesias encargo la tarea de
fortalecer y democratizar la organización a alguien que citábamos a propósitos
de las diferencias entre el equipo dirigente inicial de Podemos y los Círculos
y asambleas de los Indignados, nos referimos a Pablo Echeñique, quien elaboró
el documento “Atarse los cordones” para dar un nuevo impulso de democratización
interna a Podemos.
Todo esto explica también el
acercamiento entre el sector de Iglesias y los Anticapitalistas, representado
por Miguel Urbán, donde se perfila en el horizonte diferencias en torno a los
ritmos, a los tiempos del proceso de cambio, pero no a los objetivos estratégicos,
puesto que construir una alternativa política y social implica tanto la
conquista de las instituciones del Estado y su autonomía relativa, como el
desarrollo del poder popular.
Publicado en Revista De Frente
[1] Sousa Santos, Boaventura de. La
ola Podemos. 08/12/2014.
[2] Monereo, Manolo. Podemos: una
oposición para la alternativa. Sobre los objetivos de Vistalegre II.
11/12/2016.
[3] Monereo, Manolo. Podemos: el
debate ficticio y el debate real. 10/2/2017.
[4] Rodríguez-Aguilera de Prat, Cesáreo.
Semejanzas y diferencias entre el Movimento 5 Stelle y Podemos.
[5] Monereo, Manolo. Podemos: el
debate ficticio y el debate real. 10/2/2017.
[6] Rodríguez-Aguilera de Prat, Cesáreo.
Semejanzas y diferencias entre el Movimento 5 Stelle y Podemos.
[9] Rodríguez-Aguilera de Prat, Cesáreo.
Semejanzas y diferencias entre el Movimento 5 Stelle y Podemos.
[10] Martín, Irene. Podemos y otros
modelos de partido-movimiento. 2015.
[11] Monereo, Manolo. Podemos: el
debate ficticio y el debate real. 10/2/2017.
[12] Monereo, Manolo. La trama: un psico-social
interminable sobre Podemos. 16/3/2016.
[13] Monereo, Manolo e Illueca,
Héctor. La trama. 01/11/2015.
[14] Monereo, Manolo. La trama: un
psico-social interminable sobre podemos. 16/3/2016.
[15] Monereo, Manolo. Podemos: una
oposición para la alternativa. Sobre los objetivos de Vistalegre II.
11/12/2016.
[16] Monereo, Manolo. Podemos: una
oposición para la alternativa. Sobre los objetivos de Vistalegre II.
11/12/2016.
[18] Monereo, Manolo. Podemos. Del
“populismo de izquierdas” a la estrategia nacional-popular. 19/05/2016.
[19] Iglesias, Pablo. La centralidad
no es el centro. 20/04/2015.
[20] Sousa Santos, Boaventura de. La
ola Podemos. 08/12/2014.
[21] Martín, Irene. Podemos y otros
modelos de partido-movimiento. 2015.
[22] Rodríguez-Aguilera de Prat, Cesáreo.
Semejanzas y diferencias entre el Movimento 5 Stelle y Podemos.
[24] Abou-Assali Martínez, Ramy. Las
claves de la comunicación política de Podemos. 2015.
[25] Fernández Liria, Carlos. La
carta que nos queda: republicanizar el populismo. 18/04/2015.
[26] Abou-Assali Martínez, Ramy. Las
claves de la comunicación política de Podemos. 2015.
[27] Monereo, Manolo. Podemos: una
oposición para la alternativa. Sobre los objetivos de Vistalegre II.
11/12/2016.
[28] Monereo, Manolo. Podemos: una
oposición para la alternativa. Sobre los objetivos de Vistalegre II.
11/12/2016.
[29] Iglesias, Pablo. La centralidad
no es el centro. 20/04/2015.
[31] Fernández Liria, Carlos. La
carta que nos queda: republicanizar el populismo. 18/04/2015.
[32] Monereo, Manolo. Podemos: una
oposición para la alternativa. Sobre los objetivos de Vistalegre II.
11/12/2016.
[33] Monereo, Manolo. Podemos. Del
“populismo de izquierdas” a la estrategia nacional-popular. 19/05/2016.
[34] Monereo, Manolo. Podemos: el
debate ficticio y el debate real. 10/2/2017.

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