París, Francia: basta sólo esos nombres para exaltar la imaginación. El movimiento de los chalecos amarillos, que ha paralizado más de veinte ciudades galas a lo largo de dos semanas, parece traer consigo todo el peso de la historia. Por eso, además de las injurias características de la derecha y sus medios de comunicación, que tildan de extremista al movimiento, se suma la inflamada simpatía de la izquierda. “La toma de la Bastilla comenzó así”, escribe Luis Casado [1] . Incluso se han rememorado las revueltas campesinas en la Edad Media [2] . Los Clubes de la Revolución y la Comuna de Paris [3] . Y, por supuesto, Mayo del 68. La utopía de la izquierda revive: “Una sola chispa puede incendiar la pradera”, era una de las citas predilectas contenidas en el Libro Rojo de Mao Tse-Tung, paladín ideológico de los universitarios parisinos del 68. Y como entonces, ni los sindicatos ni los partidos de izquierda ni ninguna otra estructura organizativa, parecen conectar con el movimient...
Después de insultos, burlas y acusaciones, la Nueva Mayoría y sus partidos satélites, como el PRO y −cuesta decirlo, pero también− el PC, difunden el llamado a la unidad de las fuerzas progresistas y democráticas para hacer frente a la oleada derechista y autoritaria. La consigna está especialmente dirigida al Frente Amplio (aunque no a las otras fuerzas de izquierda ni a los movimientos sociales, lo que expresa un enorme interés electoral) y la vemos brotar en todos los ámbitos, desde el Parlamento y las dirigencias partidistas, pasando por los programas de debate televisivo, hasta llegar al despliegue de las bases –cuando existen, como en el caso del PC– en los distintos territorios. “Unidad de las fuerzas progresistas”, “Construimos juntos o nos hundimos separados”, son algunas de las proclamas que, antes de proponer una agenda o programa, parecieran estar más preocupados de la calculadora electoral y de cómo la derecha podría obtener un triunfo en las próximas elecc...