1. NEOLIBERALISMO Y
AUSTERIDAD.
Desde 2009, el gobierno del Partido
Socialista [PS] y su primer ministro José Sócrates (2005-2011), en alianza con
el conglomerado de centro-derecha, Partido Social Demócrata [PSD], desplegaron
el denominado Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Iniciaba así un nuevo ciclo
económico para Portugal, caracterizado por las medidas de ajuste y conversión
económica determinadas por el Fondo Monetario Internacional [FMI], el Banco
Central Europeo [BCE] y tuteladas por la Comisión Europea [CE], triunvirato
conocido como La Troika.
Durante el gobierno siguiente, de Pedro
Passos Coelho y el PSD (211-2015), se profundizaron estas medidas bajo el
argumento de que no era posible otra alternativa, ya que resultaba
imprescindible que la nación cuente con la confianza de los mercados
internacionales[1].
Estas políticas-económicas generaron un
enorme descontento ciudadano y movilización social, en años de duro recorte
fiscal. Movilizaciones que, sin embargo, no pudieron ser canalizadas en un
proyecto de alternativa política.
Entre las medidas neoliberales adoptadas
se encontró el aumento del horario de trabajo, la eliminación de festivos, la elevación
del desempleo, una fuerza de trabajo precarizada, degradación salarial, recortes
presupuestarios en los servicios básicos de salud, educación y ayudas sociales como
viviendas y subsidios.
Pero estas medidas no sólo tuvieron un
carácter de regulación económica, sino que consistía en una nueva estrategia de dominación, articulándose,
por un lado, con un Estado destructor de los derechos sociales, privatizador, administrador
de la crisis y pagador de la deuda externa, y por otro, el empoderamiento de
grupos extranjeros rentistas y monopólicos, beneficiados por las
privatizaciones[2].
Ante la crisis política de 2013, tras la
renuncia de Paulo Portas, ministro de Asuntos Exteriores y líder de los
democratacristianos Centro Democrático Social-Partido Popular [CDS-PP], el
primer ministro Pedro Passos Coelho (PDS) presentó al presidente de la
República, Aníbal Cavaco Silva, la composición del nuevo Gabinete, rechazando
la dimisión de Portas. Se ajustaba de ese modo la alianza de derecha PDS-CDS-PP[3].
Ante la debilidad y deslegitimación, tuvieron, entonces, que presentarse en
coalición a las elecciones legislativas de 2014, bajando de 40% en las
elecciones de 2009 a un 27%, perdiendo medio millón de votos.
Por su parte, el PS evaluaba entrar al
“gobierno de unidad” con la derecha, pero uno de los impulsores de esa
iniciativa, el ex primer ministro José Sócrates, estaba siendo acusado de
corrupción y blanqueo de capitales. Se empieza a consolidar, entonces, el
liderazgo de António Costas y su línea de “oposición” a la derecha, con una
propuesta de “alivio” de la austeridad.
En el campo popular, tanto desde los
movimientos sociales como de los partidos políticos de izquierda, no lograron
generar una alternativa a las medidas neoliberales, el gobierno y La Troika; y tras las enormes
movilizaciones de 2012 e inicios de 2013 (dos huelgas generales, surgimiento de
“las mareas” y las manifestaciones del “Que
se lixe a Troika”), para la crisis política de julio de 2013, se vivía un
enorme momento de reflujo social y desmovilización.
Lo que hemos denominado como la nueva estrategia de dominación hacia
efectos: el movimiento popular había perdido a “300 mil jóvenes por la
emigración, el aislamiento de más de 1.200.000 desempleados y la gran presión
ejercida sobre la función pública” [4].
Y si bien quedaron importantes sectores
organizados, no pudieron salir de la lógica de la resistencia para pasar a la construcción
de propuestas y alternativas.
El Bloque de Izquierda [Bloco de Esquerda, en adelante El Bloco],
que por su oposición radical a la instalación de La Troika había bajado de 9,82% de votos en 2009 a 5,17% en 2011,
pasando de 18 a 8 escaños en la asamblea portuguesa, y de 10,72% en 2009 a 4,56%
en 2011 en el Parlamento Europeo, no había podido generar un sentido nacional
de su línea y estrategia política, y las personas y familias portuguesas, ante
tanta incertidumbre y miedo por la austeridad, prefirieron “castigarlo”
electoralmente.
¿Cómo fue posible que −ante esta
situación de cuatro años de gobierno de Pedro Passos Coelho (PDS), con intensas
movilizaciones sociales, crisis económica y política, duras reformas
neoliberales, el líder PS José Sócrates acusado de corrupción, incapacidad de
los partidos de izquierda de pasar de una política de resistencia a una
alternativa política y con una ciudadanía atemorizada e inmovilizada− la vida
política nacional portuguesa se volviera hoy un referente para los sectores
democratizadores en Europa y una alternativa a La Troika?
2.
EL ACUERDO PARLAMENTARIO DE 2015.
En las elecciones nacionales del año
2015 para elegir Primer Ministro y diputados, el oficialismo PSD-CDS-PP obtuvo
el 36.86% de los votos, perdiendo un millón de electores respecto a las
elecciones anteriores. El PS obtuvo un 32.31%. Mientras que El Bloco y el
Partido Comunista Portugués [PCP] junto al Partido Ecologista Verde (PCP+PEV)
obtuvieron el 10.19% y el 8.25% respectivamente. Estos resultados no
permitieron la generación de una mayoría parlamentaria. El Presidente de la República, Aníbal Cavaco
Silva, convocó al anterior ex primer ministro Passos Coelho para formar nuevo
gobierno. Pero por medio de un pacto parlamentario entre PS, PCP+PEV y El
Bloco, se constituyó un gobierno del PS.
Era un acontecimiento sin precedentes en
Portugal: una fuerza política que no había ganado las elecciones dirigiría el
país. António Costa era investido como Primer Ministro. Con un perfil distinto
al también PS José Sócrates, y buscando una cercanía identitaria a los nuevos liderazgos
europeos de la socialdemocracia, como Pedro Sánchez en España o Jeremy Corbyn
en Inglaterra, supuestamente más cercano a las bases y alejado de las cúpulas[5].
De este modo, en noviembre de 2015, se
realiza el pacto parlamentario entre el PS, el PCP+PEV y El Bloco, llevando al
gobierno a Costas y generando un nuevo Programa de Gobierno, el que fue
aprobado por la mayoría parlamentaria. No se trataba por su puesto del Programa
ni de El Bloco ni del PCP+PEV, pero tampoco del Programa original del PS. Costas debió aceptar una serie de
modificaciones propuestas por la izquierda, ya que era parte del acuerdo. La
coyuntura precisa obligaba al PS a tomar esta decisión o entregarse a la
derechización...
No se trataba de crear una coalición,
sino un acuerdo programático en torno a la legislatura, el Parlamento. El
acuerdo mantenía la autonomía política de todas las partes, permitiéndoles discrepar
en caso de decisiones específicas. Y la negociación tuvo la magnitud permitida por
la correlación de fuerzas. Por lo tanto, no se trata de un gobierno de
izquierda, sino de un gobierno del PS que es un partido de centro, quien recibe
apoyos condicionados por parte de la izquierda portuguesa, quienes tuvieron en
consideración sus propias fuerzas, ya que cualquier medida, en especial de los
presupuestos, requiere de la aprobación de una mayoría parlamentaria.
La
agresividad de los medios de comunicación y de la derecha no se hizo esperar.
Incluso, a nivel internacional, los defensores de La Troika reaccionaron. El ministro de finanzas alemán denomino al
pacto entre el PS, PCP+PEV y El Bloco, como la “gerigonça” (jerigonza), es
decir, una especie de engendro.
Se trata, en todo caso, de una coyuntura
totalmente extraordinaria, inédita. Presentó un desafío y una ventana de
oportunidad, que, en gran parte, supo ser promovida por El Bloco y sostenida en
su alza electoral. Pero también por una autocrítica y proyección de horizonte
por parte del PCP, quien ha tenido una rivalidad histórica enorme con el PS…
Este pragmatismo, también se sostiene en parte en la idea de que la degradación
de los valores socialistas en el PS portugués, especialmente en su base de
militancia, activismo y electores, ha sido menor que, por ejemplo, los
socialistas de España (PSOE), Grecia (PASOK) o Chile (PS).
Se ha hablado de este pacto como “la vía
portuguesa”, e incluso se ha intentado instaurar como un “referente”. Pero su
nivel de excepcionalidad electoral y condiciones totalmente nacionales, lo
hacen irreproducible.
No obstante es importante destacar dos
elementos generalizables: resulta interesante la ruptura que supone en la
lógica de la izquierda llegar a esta reflexión y acción pragmática, y, muy
relacionado con lo anterior, en el viejo continente vuelvan a surgir
alternativas reaccionarias y conservadoras (Italia, Francia, Holanda, Grecia,
entre otros), precisamente por la negación a colaborar entre el centro y la
izquierda.
Y esto ─tanto la ruptura con el
sectarismo de izquierda como la capacidad de poner dique a la reacción
protofascista─, se vuelve más potente al sostenerse en resultados económicos
positivos: “El ejemplo portugués lanza un mensaje contra la derecha europea al
ofrecer un relato alternativo de aparente éxito de políticas que hacen frente a
la austeridad, fomentan la dinamización de la economía y atienden a la mejora
de derechos laborales y políticos. Pero, sobre todo, la alianza portuguesa es
una advertencia para el resto de fuerzas de izquierdas europeas. Ha supuesto la
renuncia de las líneas rojas que tenía cada uno para la consecución de un
objetivo común. El interés compartido era echar del Gobierno a los
conservadores y acabar con los recortes, las reformas liberales y la reducción
de las medidas sociales. Los socialistas se vieron obligados a hacer un giro
más hacia la izquierda y buscar el entendimiento con los que hasta entonces
habían sido sus máximos críticos. Los comunistas tuvieron que renunciar a
algunos de sus principios programáticos y el Bloque de Izquierda dejó atrás su
rechazo a negociar con socialistas y priorizó ante todo la posibilidad de
aplicar un programa de izquierdas”[6].
Profundizaremos más adelante en los
objetivos económicos y nacionales del pacto parlamentario, pero adelantaremos ahora
ciertos elementos para que se entienda su ejecución. Se trata de un acuerdo
que, a diferencia de las políticas impulsadas por La Troika, busca detener el empobrecimiento del país; revertir
recortes de las pensiones y los salarios; detener el proceso de privatizaciones
de empresas públicas; avanzar en la creación de nuevos derechos sociales y
civiles[7].
En otras palabras, las políticas públicas impulsadas por el pacto, que han
recibido un amplio apoyo, en especial de los sectores populares, “… permiten el
alivio social, una recuperación de la demanda, y por lo tanto de las
condiciones de vida de la mayoría de la población…”[8].
El apoyo social se expresó en las
elecciones municipales de 2017, donde el PS obtuvo 38.7%, el PCP+PEV el 9.5% y
El Bloco sólo un 3.29% (aunque subió del 2.4% de las municipales anteriores). Mientras
la derecha, con el PDS sacó el 30.3% y el CDS-PP el 8.78%. Para el PS ha sido
un resultado histórico, el más alto; mientras que para el PDS, ha sido uno de
los peores.
Si bien entre PS, PCP+PEV y El Bloco,
hubo una competencia electoral limpia, sin ataques, el PS obtuvo un mejor
rendimiento, quitándole espacio a la derecha y a la izquierda y posicionándose
en el centro del espectro político. Uno de los más heridos fue el PCP, que bajó
de 34 a 24 alcaldías, cuando es sabido que el voto comunista había sido
constante, consistente. Se plantea ante ello la posibilidad que la reducción
comunista se deba precisamente al haber pactado con el PS, como forma de
castigo de sus votantes históricos.
La abstención, por su parte, sigue
siendo enormemente alta, aunque haya disminuido del 47% del año 2013 a un 45%[9].
En las grandes capitales, Lisboa y Oporto, el PS es mayoría
municipal. Al interior de la izquierda, el PCP sigue siendo la agrupación con
mayor votación en regiones. En tanto que El Bloco aumenta en concejalías. Por
esto, a pesar de un resultado débil, uno de los líderes nacionales de El Bloco
señaló: “Si hay una lección para el partido es que se refuerza abriéndose y
renovándose”[10].
No obstante, el pacto parlamentario,
como era de esperar, ha tenido también elementos de tensión y diferencias
importantes, pero que en caso alguno pueden ser considerados como una sorpresa
si se entiende la significativa diferencia ideológica entre el centrista PS y
la izquierda portuguesa representada por el PCP y El Bloco; y en el hecho de
que debido claramente a la coyuntura de la correlación de fuerzas, dejó fuera
dos áreas de enorme importancia: la reforma laboral y el sistema financiero.
En la Reforma Laboral de 2018, la
derecha y el PS se alían y la izquierda vota en contra de una legislación que,
consideran, está más en la línea de La
Troika que del acuerdo o pacto[11]. Que la Reforma Laboral impulsada por el
PS tenga el apoyo de la derecha y los grandes empresarios y no del apoyo
parlamentario de la izquierda revela las diferencias sustantivas entre la
izquierda y “el centro”. Y esto sucede a un año de las nuevas elecciones
parlamentarias, que serán en 2019, por lo que sirve también para una toma de
posiciones.
El PCP y la Confederación General de los
Trabajadores Portugueses (CGTP) se distancian claramente del gobierno. El
secretario del Partido Comunista, Jerónimo de Sousa, declaró: “Si es bueno para
los patrones, no puede ser bueno para los trabajadores”. La gravedad de este
asunto también radica en que tanto el PCP, el PEV como El Bloco habían
presentado 17 proyectos de ley en materia laboral, que intentaban acabar con la
reforma laboral de 2012 instalada e implementada por la derecha y La Troika[12].
El otro elemento que distancia
sustantivamente a la izquierda y el centro, y que también quedó fuera de la
negociación del acuerdo, es la administración y gestión del sistema financiero.
Esta divergencia ─como veremos─ es estratégica e ideológica y muestra
claramente los limites tanto del acuerdo como del alcance del PS para
distanciarse de La Troika[13].
Así y todo, es innegable lo beneficioso
que ha resultado el acuerdo entre centro e izquierda para la población
portuguesa, mostrando además, para toda Europa, que es posible generar otro
tipo de políticas públicas, distintas de la austeridad neoliberal de La Troika.
3.
OBJETIVOS ECONÓMICOS Y NACIONALES.
La izquierda portuguesa tomó la decisión
del acuerdo con el centro no para presionar al PS a tomar la posición de estar
con el pueblo o con la derecha y La
Troika, tampoco se trató de una estrategia electoral, lo que se muestra en
la disminución de votos del PCP y la mínima alza de El Bloco. Los objetivos
económicos y nacionales que la izquierda portuguesa intentaba alcanzar con el
acuerdo con el PS, y que les hizo sentido a la mayoría social, se pueden
sintetizar en tres elementos: mejorar la calidad de vida de las y los
portugueses; aumentar el nivel de politización de la sociedad; y crear una
correlación de fuerza favorable para el cambio social.
Durante la negociación del acuerdo, Catarina
Martins, líder El Bloco, fue enfática en señalar que la derecha no debiese
volver a ser gobierno. Era, ciertamente, un desafío para todos los actores,
pero históricamente resultaba mejor para el PS, puesto que tras la terrible
situación de corrupción que afrontaba su antiguo primer ministro José Sócrates,
o el PS acordaba con la izquierda o se entregaba a un proceso de derechización similar
al del Pasok en Grecia y al PSOE en España[14].
Entre las medidas concretas e impulsadas
por el acuerdo, expresadas en los presupuestos anuales del gobierno, se
encuentran: disminuir la presión sobre las personas y las familias; dinamizar
la economía interna y promover el consumo; aumentar los salarios y las
pensiones; reducir el paro; frenar las privatizaciones; mejorar los servicios
públicos, especialmente en salud y educación; reducir el déficit público; aumentar
el salario mínimo (aunque sigue siendo muy bajo según los estándares de vida); diminución
del IVA.
Estas medidas son un rechazo claro a los
consejos financieros planteados por La
Troika y una forma de mostrar que las políticas de austeridad agravan los
problemas, pues generan un círculo vicioso de salarios bajos, reducción del consumo,
aumento de impuestos y de la deuda pública. Las medidas también son una
demostración de que se puede salir de la crisis económica por medio de una
forma alternativa a la austeridad neoliberal.
También
se ha profundizado en derechos sociales y civiles y generando medidas de
democratización. Han sido aprobadas diferentes leyes con el fin de suprimir los
condicionantes restrictivos del aborto; ampliar los derechos de las parejas
homosexuales, incluyendo la adopción; generalizar la procreación asistida
médicamente a las mujeres solteras y lesbianas; regular las condiciones para la
maternidad subrogada; establecer una representación política con paridad de
género completa; y el uso terapéutico del cannabis.
Cabe señalar que en estos últimos casos,
las propuestas progresistas en materia de derechos civiles han sido producto del
acuerdo entre el PS, El Bloco y el PEV, quienes conformaban una mayoría suficiente,
ya que el PCP votó con los partidos de
la derecha contra los derechos de lesbianas, la paridad de género, maternidad
subrogada, cannabis y eutanasia[15].
Con todo, las cuentas públicas estiman
un crecimiento de la economía portuguesa y una reducción del déficit fiscal.
Desde la derecha vaticinaban una dilapidación de los recursos por recetas populistas,
pero no ha sido así. Todo lo contrario: ha sido un ejemplo y una respuesta
contundente a las políticas de austeridad de la derecha y La Troika.
4.
PASOS TÁCTICOS Y DISCREPANCIAS.
La derecha portuguesa, tanto con el PSD
como con CDS-PP, sufrió un fracaso electoral en 2015, así como en las
elecciones municipales de 2017. De ambos fracasos no ha logrado recuperarse.
Cuando se conjuga este diagnóstico con la difícil situación de los años de la
“austeridad” impulsados por La Troika
y padecidos por la población portuguesa, no cabe duda que la decisión del
acuerdo de 2015 por parte de El Bloco y del PCP+PEV, fue compleja y arriesgada,
pero ha significado un sustantivo avance[16].
Era percepción de la gran mayoría portuguesa,
trabajadora, desempleada, jubilada, de jóvenes, que mantener un gobierno de
derecha era demasiado duro y que había que superar las políticas de
empobrecimiento.
Como ya señalamos, la izquierda y los
movimientos sociales vivían un momento de reflujo a causa de la compleja
situación de la población, las políticas antisindicales, la salida de jóvenes
al extranjero y el desgaste propio de las movilizaciones. Pero en política no
basta con dar cuenta del reflujo de la izquierda: “Hay que buscar los medios para
revertirlo”[17].
Es necesario salir de la política testimonial
y sobreideologizada de la izquierda, que la ha marginado. Y tanto El Bloco como
el PCP han tenido la destreza y el valor táctico de hacer un movimiento para
seguir en el juego… Hay que dejar de ser sólo organizaciones que protestan,
para, además, ofrecer propuestas y alternativas.
Tiene riesgos, pero los riesgos hay que
asumirlos. La izquierda no puede seguir reproduciendo su aislamiento para
aparentar “consecuencia política”, o seguir dejando que las diferencias tácticas
la dividan en lo fundamental. Se pueden tener divergencias, pero hay que
ponerse de acuerdo en lo esencial. Por ejemplo, el PCP es contrario a la Unión
Europea, El Bloco promueve su reformulación, mientras el PS tiene una actitud
continuista. Pero la disputa hay que darla, ya sea respecto a la posición con
la Unión Europea o cualquier otra divergencia. Por ejemplo, el PS promueve un
reformismo que, si bien rompe con las políticas públicas neoliberales, la
“austeridad”, sigue alineado con las políticas macroeconómicas. El Bloco y el
PCP+PEV, por su parte, plantean que hay que seguir avanzando más allá del
reformismo del PS.
De la misma manera ni El Bloco ni el PCP
se entregan a la “gobernabilidad” que tanto preocupa al PS. Discuten, proponen
leyes, votan, plantean propuestas, confluyen en los movimientos sociales, en
las manifestaciones.
Pero, ¿puede ser que, al no ser parte
del gobierno sino sólo un acuerdo parlamentario, los réditos electorales los
acapare el PS, como parecen demostrar las elecciones municipales? Puede ser que
el PCP haya perdido algunos municipios y que El Bloco haya aumentado su
votación de manera poco significativa, pero la claridad con que han enfrentado
el debate público y las nuevas ideas que han estado haciendo circular son
enormemente significativas.
Para las elecciones de 2015, por
ejemplo, la destacada portavoz de El Bloco, Catarina Martins, fue la
indiscutible ganadora de todos los debates, tanto por sus ideas como por la
manera de expresarlas, con claridad y sencillez. Y cuando llegó el momento de
dar el paso al acuerdo o pacto parlamentario, Catarina Martins, en debate
televisivo, expresó las condiciones para un futuro gobierno del PS. Los tres
puntos propuestos por El Bloco se volvieron decisivos para el debate público y
nacional: el apoyo parlamentario sólo sería viable si el nuevo gobierno deja de
congelar las pensiones, modifica la forma de despido “fácil” y deja atrás la
reducción de los impuestos de las empresas para la seguridad social.
Esto demostró a la gente que lo que
buscaba tanto el PCP+PEV como El Bloco no era un acuerdo electoral, “sino una
clara respuesta a las necesidades de las personas”[18].
Y por lo tanto, ese acuerdo, permitía además mantener el debate, las
diferencias respecto a lo realizado por el nuevo gobierno del PS.
Esto ha permitido poder plantear críticas
rotundas cada vez que el PS ha propuesto salvar a los bancos de deudas con
dinero público o impulsar iniciativas empresariales privadas. Por lo demás,
estos elementos, el de los bancos y la empresa privada, así como la deuda
externa, la Unión Europea, no pudieron ser incluidas en el acuerdo debido a la
correlación de fuerza… Por eso mismo la necesidad de mantener la crítica, de
expresar las divergencias.
El Bloco ha señalado con claridad, en el
debate público, a través de artículos, foros, en las movilizaciones y por los
medios de comunicación, que no se puede desafiar la austeridad y al mismo
tiempo estar de acuerdo con La Troika.
También se ha criticado las prioridades del gobierno del PS, el bajo nivel de
gasto público y las leyes laborales impulsadas.
De hecho, en torno al debate
parlamentario del presupuesto anual para 2018, se abre una diferencia enorme
entre El Bloco y el PS. El Bloco había presentado una propuesta de impuesto
especial sobre las rentas de las empresas de energías renovables, y lo había
hecho con anticipación y en negociaciones con el Gobierno. El día viernes 24 de
noviembre de 2017, el Parlamento aprobó la propuesta de El Bloco, pero ese día,
el mismísimo primer ministro António Costas anunció que el gobierno pediría una
nueva votación para el lunes. A lo largo del fin de semana el gobierno negoció
con las empresas, que amenazaban con abandonar Portugal. Así, en la nueva
votación, los parlamentarios del PS votaron en contra de la propuesta de El Bloco[19].
El tema laboral es la otra arista donde
hay una diferencia entre El Bloco y el PCP+PEV, por un lado, y el PS, por otro.
A tal punto llegó la divergencia, que en las movilizaciones de junio de 2018 El
Bloco y el PCP participaron activamente en las protestas organizadas por los
sindicatos de trabajadoras y trabajadores contra la legislación laboral del PS.
También en esta ocasión El Bloco preparó
con anticipación propuestas laborales alternativas para hacer frente a la
precariedad de los empleos y los contratos laborales. A lo largo del 2017 el
gobierno socialista impulsaba una legislación a favor de las grandes empresas,
reduciendo la contribución de dichas empresas a la seguridad social. La
propuesta del PS fue derrotada. Gracias a las movilizaciones sociales, al
movimiento sindical, pero también a las propuestas de El Bloco, se realizó una
gran conquista para las y los trabajadores: se aumentó las contribuciones a la
seguridad social y se implementaron cambios importantes en favor de las y los
trabajadores precarizados.
Respecto a la política de las
organizaciones de izquierda, las movilizaciones sociales no sólo tienen por
objetivo apoyar propuestas legislativas, sino construir una mayoría social, una
visión alternativa de la sociedad. Por eso el acuerdo parlamentario no puede ni
ha logrado frenar las acciones colectivas, las manifestaciones, la organización
social. Y El Bloco ha sido parte de las movilizaciones sindicales, de profesores,
del movimiento feminista y socioambientales.
El actual periodo se caracteriza por
generar una agenda de mayor justicia social, pero la tarea es la creación de un
movimiento popular que junto a la izquierda llegue a ser gobierno. Eso
significa impulsar una política de masas, de mayorías.
Aún falta mucho por avanzar, para pasar
de un periodo táctico que abre el acuerdo parlamentario, a una lucha por las
decisiones estratégicas de la izquierda, que deben ser apoyadas por el
movimiento popular. Eso es lo que está haciendo la izquierda portuguesa, esa es
la dirección hacia donde avanza. Y en el proceso, hay que fortalecer la
organización social, sindical, estudiantil, feminista, socioambiental. Como
escriben tres destacados dirigentes de El Bloco: “… esta es la forma política
como la izquierda ganará: hablando con las personas que comparten las mismas
ideas, incluso en otros partidos, para crear un movimiento social, defendiendo
propuestas concretas y siendo capaces de ofrecer una alternativa y no sólo
protestas”[20].
5.
LA ESTRATEGIA.
Los pasos tácticos han permitido ganar
enorme experiencia militante y generar debates en la opinión pública. Era
necesario recorrer este camino debido a la situación de debilidad y segregación
de los sectores populares. Asimismo, debido a tantos años de una izquierda
dividida, testimonial y marginal. En este proceso se construye movimiento
social y partidos de izquierda, se gana en experiencia, en iniciativas, en
autocritica y reflexión. Aunque claro, también se generan enormes
contradicciones y cuestionamientos debido a la velocidad de los procesos o los
errores cometidos.
Pero sin lugar a dudas, las condiciones
actuales de la izquierda portuguesa son mucho mejor que en años anteriores. No
sólo ha mejorado en votación, sino que se ha destacado en sus propuestas
parlamentarias; ha sido hábil en la negociación con los ministerios, en la
gestión de municipios, en la participación de las movilizaciones sociales y
construcción de militancia, la educación política y el debate nacional.
Tanto El Bloco como el PCP+PEV no sólo
tratan de revertir la situación de empobrecimiento a la que han sido sometidas
las y los portugueses, ni tampoco se trata simplemente de detener las políticas
de austeridad impulsadas por La Troika,
sino de construir una política alternativa de izquierda. Esto ha significado
cuestionarse las antiguas formas de actuar y muchas veces salir de los márgenes
de la izquierda misma, apelando más bien a intereses nacionales y populares. En
un contexto de resurgimiento del fascismo y del populismo de derecha en toda
Europa, ir más allá de la identidad de la izquierda se ha vuelto una necesidad
histórica. Del mismo modo que también es una necesidad obtener buenos
resultados, un trabajo político y parlamentario de calidad. Y esto lo ha hecho
tanto El Bloco como el PCP.
Por supuesto el acuerdo parlamentario
tiene enormes límites en cuestiones estratégicas. En primer lugar, porque el PS
no es un partido de izquierda y sus intereses siguen estando orientados por su
relación con La Troika y con los
grandes empresarios nacionales y transnacionales. El PS no romperá ni con las
actuales políticas de la Unión Europea ni con la deuda externa impulsada por La Troika.
Este es, entonces, el punto estratégico:
¿cómo formar una mayoría nacional, popular, que se exprese y organice contra la
deuda impuesta por La Troika? ¿Cómo
llegar a ser gobierno, de izquierda y popular, rechazar la política de
austeridad e impulsar una política de inversión pública, de mejores condiciones
para las clases trabajadoras, de mayores derechos sociales?
Para llegar a ser un gobierno popular no
sólo es preciso vencer a la derecha, sino conquistar a la mayoría social, donde
aún muchos sectores se identifican con la política del PS. A su vez, esto
modificaría la correlación de fuerza no sólo en el ámbito nacional, sino en el
europeo: “Para conseguir una nueva relación de fuerzas europeas es preciso que
gobiernos de izquierda sean elegidos en las urnas, siendo fieles a los
trabajadores que los mandatan”[21].
Por lo tanto, estos tres elementos
estratégicos se articulan: llegar a constituir un gobierno popular en lo
nacional, que haga frente a la deuda y que transforme la correlación de fuerzas
a nivel europeo.
Para esto, se debe conformar un gobierno
con enorme apoyo popular, para proponer cambios sustantivos en la política
fiscal, modificar el sistema productivo, reindustrializar el país, generar una reconversión
energética, aumentar la protección ambiental, y promover el feminismo. En una
palabra: establecer un gobierno que ataque al capital financiero.
Considerando que las siguientes
elecciones nacionales son el próximo año 2019, el problema estratégico se
vuelve a plantear al momento de considerar que ni hacer frente al capital
financiero ni renegociar la deuda, son parte de la política estratégica del PS.
6.
LA UNIÓN EUROPEA.
La deuda externa en Portugal es
insostenible. Ya superó el 130% del PIB. Y las políticas de austeridad no la
disminuyen, sino más bien tienen el objetivo de amarrar al país y sus gobiernos
a las políticas de La Troika. Sólo el
pago de sus intereses supera el presupuesto del Servicio Nacional de Salud de
todo un año. Es la sumisión de un país supuestamente soberano al poder del gran
empresariado transnacional europeo, especialmente el alemán. Esa sumisión la
vivió el gobierno socialista de José Sócrates y el gobierno derechista de Passos
Coelho, y también el de Costas. Los tres fueron elegidos, ya sea por voto
popular o por acuerdo parlamentario. Pero ninguno ostentaba realmente el poder,
pues el poder se encuentra en aquellos por los que nadie ha votado, es decir, “…
el poder realmente existente, el poder colonial de una Unión Europea comandada
desde Berlín”[22].
No obstante, es innegable que la
experiencia Griega, con el gobierno de Syriza, ha sido un referente para El Bloco
y la izquierda portuguesa, y una de las razones por las cuales han accedido al
paso táctico del acuerdo parlamentario. Por un lado, sin un apoyo popular
masivo y una claridad respecto a cómo responder a los protocolos de La Troika, no se puede aventurar un
camino de ruptura radical o enfrentamiento directo con la Unión Europea; pero
por otro lado, también es posible generar una política nacional distinta a la
política de austeridad y empobrecimiento.
Una salida del Euro, o un enfrentamiento
con la Unión Europea, sólo es posible cuando no haya ya otra alternativa, pero
también cuando confluya ese momento con un gobierno popular con apoyo de las
grandes mayorías. La situación griega conjugaba estos dos elementos. Por lo
tanto, al parecer, faltó algo más, a saber: tener una alternativa trazada, un
plan nacional que considere los peores escenarios a los que La Troika está dispuesta a llevar a los
países que busquen su propia soberanía.
Ya hemos establecido las enormes
diferencias entre el PS, El Bloco y el PCP respecto a la Unión Europea. El PS
tiene una política de continuismo respecto a la Unión Europea y el Euro,
mientras que el PCP de salida irrestricta. El Bloco, por su parte, ha ido variando
su política. En su fundación apostaba a “un europeísmo de izquierdas”; luego
volvió a discutir esta cuestión para llegar a las elecciones europeas de 2014
con una propuesta de refundación de la Unión Europea existente en la
actualidad. Tras lo sucedido con el Gobierno de Syriza y Alexis Tsipras en
2015, el golpe financiero por parte de La
Troika y la humillación al pueblo griego, su posición de ruptura con el
sistema actual se ha profundizado, expresando con claridad que la Unión Europea
no permitirá la soberanía nacional, no permitirá un gobierno nacional que
plantee una política-económica alternativa, y buscará someterlo. Pero El Bloco
sabe que una salida del Euro, si no está preparada, política y técnicamente, y que
cuente con el apoyo de la gran mayoría popular, no es factible[23].
La deuda y las políticas de austeridad
han provocado en Portugal y los otros países del sur de Europa un proceso de
desintegración social. Esto, además de generar un periodo de empobrecimiento,
también ha iniciado un periodo de “reacción” ante el modelo neoliberal. Pero dicha
reacción ha sido en algunos casos a partir de códigos democráticos y progresistas,
como los casos de El Bloco o Podemos en España. Pero también desde un
resurgimiento del fascismo. Por eso el problema que vive Portugal por las
políticas de La Troika, no es sólo
económico, ni sólo político, es, sobre todo, social. Está en riesgo la
democracia[24].
Cargan con los hechos de depreciación
democrática y renacimiento del fascismo, la Unión Europea, La Troika y la socialdemocracia sometida al modelo neoliberal. Pero
ante esta responsabilidad negativa, por llamarla de algún modo, también surgen
quienes buscan construir una alternativa democrática, progresista y popular: se
vuelven afirmativamente responsables, buscando estar a la altura de los
desafíos. Y para eso han tenido la astucia de cuestionarse a sí mismo, de
criticarse, de volverse más flexibles y transversales. Esto ha hecho El Bloco y
el PCP+PEV en Portugal, quienes bien podrían entonar, parafraseando a Marx: Dixi et salvavi animam meam.
Publicado en Revista De Frente
[1] Hernández, Davis. Portugal, el
referente de izquierdas en Europa. En:
https://elordenmundial.com/portugal-el-referente-de-izquierdas-en-europa/.
Noviembre, 2017.
[2] Campos, Adriano. Los desafíos de
la izquierda en la era de la austeridad. En: https://vientosur.info/spip.php?article10645.
Agosto, 2015.
[3] Jiménez Barca, Antonio. La
dimisión del ministro de exteriores deja en el aire al gobierno portugués. En:
https://elpais.com/internacional/2013/07/02/actualidad/1372780662_898525.html.
Julio, 2013.
[4] Campos, Adriano. Los desafíos de
la izquierda en la era de la austeridad. En:
https://vientosur.info/spip.php?article10645. Agosto, 2015.
[5]
Hernández, Davis. Portugal, el referente de izquierdas en Europa. En:
https://elordenmundial.com/portugal-el-referente-de-izquierdas-en-europa/.
Noviembre, 2017.
[6]
Ibíd.
[7] Sousa, Alda y Campos, Adriano.
La experiencia del Bloco de Esquerda. Conquistas y conflictos. En:
https://vientosur.info/spip.php?article13750. Abril, 2018.
[8]
Louçã, Francisco. Una agenda para Europa: la lucha por la solución de la
deuda y el euro. En:
https://portaldelaizquierda.com/en/2016/03/una-agenda-para-europa-la-lucha-por-la-solucion-de-la-deuda-y-el-euro/.
Febrero, 2016.
[9] Martín del Barrio, Javier. El
socialismo portugués arrasa en las elecciones municipales. En:
https://elpais.com/internacional/2017/10/02/actualidad/1506897109_854716.html.
Octubre, 2017.
[10] Louçã, Francisco. Portugal: un
país un poco más tranquilo tras las elecciones municipales. En:
http://www.sinpermiso.info/.../portugal-un-pais-un-poco-mas-tranquilo-tras-las-elecciones-.
Octubre, 2017.
[11] Martín del Barrio, Javier. El
gobierno portugués saca adelante la reforma laboral con el apoyo del
centroderecha. En: https://elpais.com/internacional/2018/07/18/actualidad/1531903674_950761.html.
Julio, 2018.
[12] Martín del Barrio, Javier. La
reforma laboral divide a la izquierda portuguesa. En:
https://elpais.com/internacional/2018/07/06/actualidad/1530883877_695843.html.
Julio, 2018.
[13] Manuel Rola, Maria, Campos,
Adriano y Costa, Jorge. Las “lecciones portuguesas”: una respuesta a Catarina
Príncipe. En:
http://www.sinpermiso.info/textos/las-lecciones-portuguesas-una-respuesta-a-catarina-principe.
Julio, 2018.
[14]
Sousa, Alda y Campos, Adriano. La experiencia del Bloco de Esquerda. Conquistas
y conflictos. En: https://vientosur.info/spip.php?article13750. Abril, 2018.
[15] Manuel Rola, Maria, Campos,
Adriano y Costa, Jorge. Las “lecciones portuguesas”: una respuesta a Catarina
Príncipe. En: http://www.sinpermiso.info/textos/las-lecciones-portuguesas-una-respuesta-a-catarina-principe.
Julio, 2018.
[17] Campos, Adriano. Los desafíos de
la izquierda en la era de la austeridad. En:
https://vientosur.info/spip.php?article10645. Agosto, 2015.
[18] Manuel Rola, Maria, Campos,
Adriano y Costa, Jorge. Las “lecciones portuguesas”: una respuesta a Catarina
Príncipe. En:
http://www.sinpermiso.info/textos/las-lecciones-portuguesas-una-respuesta-a-catarina-principe.
Julio, 2018.
[19] Sousa, Alda y Campos, Adriano.
La experiencia del Bloco de Esquerda. Conquistas y conflictos. En:
https://vientosur.info/spip.php?article13750. Abril, 2018.
[20] Manuel Rola, Maria, Campos,
Adriano y Costa, Jorge. Las “lecciones portuguesas”: una respuesta a Catarina
Príncipe. En: http://www.sinpermiso.info/textos/las-lecciones-portuguesas-una-respuesta-a-catarina-principe.
Julio, 2018.
[21] Louçã, Francisco. Una agenda
para Europa: la lucha por la solución de la deuda y el euro. En: https://portaldelaizquierda.com/en/2016/03/una-agenda-para-europa-la-lucha-por-la-solucion-de-la-deuda-y-el-euro/.
Febrero, 2016.
[22] Campos, Adriano. Los desafíos de
la izquierda en la era de la austeridad. En:
https://vientosur.info/spip.php?article10645. Agosto, 2015.
[23] Sousa, Alda y Campos, Adriano.
La experiencia del Bloco de Esquerda. Conquistas y conflictos. En:
https://vientosur.info/spip.php?article13750. Abril, 2018.
[24]
Louçã, Francisco. Una agenda para Europa: la lucha por la solución de la
deuda y el euro. En:
https://portaldelaizquierda.com/en/2016/03/una-agenda-para-europa-la-lucha-por-la-solucion-de-la-deuda-y-el-euro/.
Febrero, 2016.

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