ANÁLISIS DEL PERIODO
Y LAS TAREAS DEL FRENTE AMPLIO
18
de Septiembre.
1. ECONOMÍA Y
GOBIERNO.
El
crecimiento económico del país en este segundo gobierno de Sebastián Piñera ha
sido y será levemente menor que durante el primero, el que alcanzó un
incremento del 5% y hasta el 6% de la producción, promovido por el enorme valor
de las materias primas o commodities,
especialmente del cobre. Esta administración seguirá siendo sustentada por la
explotación de los recursos naturales y no bajaremos del 4%. Para tener un
referente de comparación, Argentina se encuentra hoy en un crecimiento de 1,3%
de su economía.
El
primer gobierno de Piñera tenía como objetivo el aumento de la concentración de
la riqueza en los sectores que él representa –el gran empresariado nacional,
reunido en la SOFOFA y la CPC−; contó con el capital suficiente para invertir
en bonos sociales, conservando las políticas focalizadas propias de la
Concertación (cuyo objetivo fue siempre conservar la estructura económica
neoliberal, generar “gobernabilidad” y contener a su vez las movilizaciones
sociales, puesto que en ningún caso distribuir la riqueza); seguir
privilegiando al capital transnacional; y mantener el enriquecimiento de los
sectores político-empresariales de la propia Concertación. Los sectores a los
cuales representa Piñera aumentaron de manera drástica su capital y él mismo se
benefició de lo que implica haber ingresado al control directo del poder
ejecutivo: información privilegiada, fomento sectorizado de la economía, nuevas
redes comerciales, etc.
Pero
la economía chilena no obtuvo ninguna expresión de dinamismo salvo el otorgado
por el precio de los commodities. No
hubo inversión pública ni crecimiento significativo del empleo (salvo el de
contratos a honorarios y empleos precarizados);
ni siquiera hubo aumento de la burocracia estatal.
En
su relación con la gobernanza, al basarse el dinamismo de la economía en la
explotación de las materias primas, generó malestar social en torno al uso de
los territorios, afectados por las forestales, la minería, la pesca, la
explotación de recursos hídricos, lo que generó movimientos sociales
socioambientales, mapuche y locales; y basándose también en la privatización de
los servicios sociales, generó asimismo el surgimiento de movimientos sociales
en la educación, la salud y las pensiones.
Por
su lado, el objetivo del segundo gobierno de Bachelet fue asegurar la
gobernabilidad y contener los movimientos sociales, para lo cual extendieron
las políticas públicas focalizadas, ampliaron el aparato estatal e iniciaron
una serie de reformas incompletas para sanear los elementos más resquebrajados
del modelo. Pero la inversión privada se estancó, el precio del cobre
disminuyó, la política impulsada fue confusa y temerosa y la coalición de
gobierno se fraccionó.
Hoy
en día, producto de la enorme inestabilidad de los mercados internacionales, la
guerra económica entre China y EEUU, y debido al momento histórico que estamos
viviendo −donde de manera global el modelo neoliberal basado en la economía
financiera, rentista y especulativa, se acerca a un momento donde el gran capital
no puede incrementar sus ganancias sin deteriorar las condiciones de vida de
personas y el medioambiente−, las organizaciones de gobernabilidad global como
el FMI están solicitando a los países, entre ellos Chile, aplicar una serie de
reformas que se están impulsando en todo el mundo y donde hoy Europa es un gran
ejemplo: reformas tributarias y de austeridad que supuestamente activarían la
economía (bajo la “teoría del chorreo”), pero que en realidad concentran aún
más la riqueza y a su vez aumentan el endeudamiento de la economía nacional,
acrecentando a su vez el déficit fiscal.
Para
el actual ejecutivo, la acometida económica neoliberal se presenta en un momento de ofensiva de la
derecha y debilidad del progresismo y de la izquierda (tanto en el país como en
la región), permitiéndole así gobernar por medio de decretos, imposiciones y en
ausencia de dialogo tanto con la oposición como con la sociedad civil. No
obstante ello, el gobierno ha tenido dificultad al interior mismo de su
coalición y ha cometido una serie de errores comunicacionales. Ambos conflictos
seguirán repitiéndose; la cuestión es saber si la oposición seguirá
desaprovechándolos.
2. POLÍTICA Y
SOCIEDAD.
Las
movilizaciones del primer gobierno de Piñera no fueron producto de una crisis
económica que abriera una ventana de oportunidades políticas, sino un
resquebrajamiento político en el régimen chileno que abrió una oportunidad
social: la Concertación no era ya Gobierno y por lo tanto ese mecanismo de
sujeción social que operaba en nuestro país ya no funcionaba, a saber: la
coalición que condujo la transición a la democracia.
Que
fuese un gobierno de “derecha” permitió los enormes niveles de movilización y
oposición social. Luego del primer gobierno de Piñera y el segundo de Bachelet,
se constata que en lo económico no hay mayor diferencia entre uno y otro, salvo
el patrimonio individual y familiar que genera la burocracia estatal donde hay
que incluir (además de funcionarios públicos) a las y los artistas,
profesionales, ONG’s y Fundaciones en torno a la Concertación/Nueva Mayoría.
Pero, en definitiva, no se pueden esperar movilizaciones sociales tan grandes
como las habidas en 2011-2012, dado la debacle de la Nueva Mayoría tras el
segundo gobierno de Bachelet.
Seguirán
habiendo movilizaciones, marchas, organización, en esta tendencia de
rearticulación del tejido social impulsada desde 2011 y recambio generacional.
Pero incluso se corre el riesgo de un enorme desgaste ciudadano. No sólo el
reflujo de las movilizaciones, sino un desgaste en los mecanismos de acción
colectiva: marchas, paros, asambleas.
Esto,
a su vez, abre el camino a la ofensiva de la derecha para que sume a los
objetivos de enriquecimiento y concentración de la riqueza, la imposición de
los valores conservadores y altos niveles de represión contra los pobres,
mujeres, migrantes, la diversidad sexual y comunidades mapuches.
Por
esta razón es que el Frente Amplio (FA) hizo sentido a la gente, generó
expectativas y obtuvo tantos votos. No sólo para renovar la elite
concertacionista (sacar a los mismos de siempre), sino porque no se avizora ni
en Chile ni en ninguna parte un ciclo histórico de rupturas sociales. Por eso
también ganó López Obrador en México, o en Portugal se llegó a un acuerdo
parlamentario entre el centrista y neoliberal PS y la izquierda antineoliberal
(Partido Comunista Portugués y Bloque de Izquierda), por dar dos ejemplos. No
vivimos un ciclo político de movilizaciones como los que llevaron a ser
gobierno a Evo, Chávez, Lula, Correa, Mujica y Krishner. La alternativa que se
avizora es electoral y ciudadanista. Claro que con una articulación con los
movimientos y demandas populares, con reivindicaciones de derechos sociales y
ciudadanos.
La
gente, en su gran mayoría, tras una retórica de la participación y su
expresividad en redes sociales, quiere seguir delegando. Los años de dictadura,
luego de neoliberalismo y el enorme esfuerzo de la dinámica social para
constituir los llamados “gobiernos progresistas”, pesan en los hombros de los
pueblos. A lo que se suma la enorme ilegitimidad y rechazo que provoca la
política, debido a su elitismo e ingente nivel de involucramiento con los negocios y la corrupción.
Además,
las personas siguen inmovilizadas, sometidas a la precariedad laboral (ejemplo
de esto es el “Estatuto laboral para jóvenes”), la cultura del consumo, el
individualismo y el endeudamiento. Respecto a esto, no podemos dejar de señalar
que endeudamiento, consumismo, individualismo y precariedad laboral, no sólo
son base sustancial de la economía chilena, son igualmente mecanismos de
dominación y control social. Por esta razón las personas, en general, no se
organizan ni se movilizan.
Las
movilizaciones sociales se dan principalmente en sectores jóvenes (movimiento
estudiantil, feminista y de NO+AFP), en localidades enormemente afectadas con
la explotación del medioambiente (como lo sucedido actualmente en Quinteros) y
en comunidades mapuche determinadas. Además, al menos en los sectores urbanos,
las movilizaciones son viabilizadas principalmente por “grupos de interés”,
antes que por organizaciones políticas o movimientos sociales.
Por
lo demás, las luchas de los movimientos sociales (estudiantil, sindical,
socioambiental, mapuche, feminista, NO+AFP, entre otros) son aún demasiado
dispersas, desarticuladas y no logran generar un imaginario en el cual fundar
una nueva sociedad o al menos el inicio de un proceso de cambio.
3. PARTIDOS
POLÍTICOS.
La
Nueva Mayoría (NM) no tiene capacidad de renovación. Hay demasiados intereses
empresariales en juego en su bloque de conducción. Cuando no corrupción e
ilegalidad, existe ilegitimidad y enriquecimiento desmesurado por parte de sus
dirigentes y operadores políticos. Los sectores de clases medias de la NM que
hoy vemos intentando impulsar un recambio, no tienen recursos suficientes, ni
económicos ni ideológicos. Las juventudes de estos partidos no cuentan con
formación política sino sólo burocrática y clientelar. Se están atrincherando
en el discurso de “todos contra la derecha”, algunos por honestidad, pero otros
porque saben que podrían perder el nicho económico y de negocios que otorgan
los gobiernos municipales; y en ambos casos, porque no son capaces de generar
un discurso que no se les devuelva como boomerang por sus inconsecuencias e
incoherencias tras años de implementación del neoliberalismo.
El
Partido Comunista (PC) sabe que sólo va a crecer, aunque sea escasa y
paulatinamente. A diferencia de los otros partidos de la NM, ellos sí cuentan
con una juventud formada políticamente y cierta consecuencia a pesar de su paso
por un gobierno neoliberal. Van a pasar de 3 alcaldes y 81 concejales, a 6
alcaldes y 100 concejales. Por eso tiene el PC tiempo para decidir dónde estar
en las próximas elecciones. Coqueteará con el FA, pero no se alejará de la NM.
Sin embargo, el grosero anticomunismo existente en Chile está demasiado
extendido para ser un buen compañero de
ruta en la contienda electoral (tan atravesada por el marketing) de las
próximas municipales.
El
régimen político basado en el duopolio está descalabrado. Pero el FA (la
tercera fuerza emergente) no ha sido capaz de generar una alternativa, ni
siquiera una clara y activa oposición parlamentaria. Y lo que está dejando el
descalabro, lo que está dejando para la sociedad chilena los extensos años de
gobiernos de la Concertación/Nueva Mayoría (además de una infraestructura
innegablemente inédita en Latinoamérica) no es sino desigualdad, indignación,
endeudamiento, consumismo, inseguridad, frustración, segregación e
inestabilidad en las vidas de millones de personas.
La
falta de regulación en la economía, la imposición de los intereses del mercado
y los grandes capitales por sobre el de las personas y comunidades, que tanto
ha destruido el tejido social de nuestro país, nos está impulsando de a poco a
la búsqueda de protección y regulación social. Pero esa protección y regulación
bien pueden tener una forma democrática y progresista (como el FA propone), o
bien reaccionaria y conservadora (como Acción Republicana de Kast y el
Movimiento Social Patriota impulsan). Podríamos estar viviendo en Chile un
momento de funesto retroceso democrático.
Esta
es una de las razones de por qué la actual inconsistencia del FA es tan grave.
Que, como coalición política, sigamos aún atascados
en el elitismo y el personalismo, en seudo-partidos que parecieran no poder
salir de lógicas y dinámicas universitarias o de “pequeños lotes”, en debates
contraproducentes y tan distantes de los problemas reales de las personas,
puede llegar a ser trágico. Si el FA no es capaz de generar una alternativa
política-electoral con vinculo social, se avizoran años de reflujo, de
gobiernos de derecha, protofascismos y monumentales frustraciones.
4. EL FRENTE
AMPLIO.
Tras
el vertiginoso nacimiento del Frente Amplio (FA) y su activación en el período
electoral (2017), se vive hoy un sustantivo reflujo, pasando de asambleas
comunales masivas a encuentros exiguos… Se evidencia una acentuación en el
crecimiento de los partidos, en dinámicas internas, e incluso en ciertas
rencillas y disputas personalistas o partidarias exhibidas por la prensa. Hay
mayor trabajo y desgaste en generar convergencias orgánicas y política
parlamentaria, que en generar vínculo social… Por todo esto, se han estado
impulsando iniciativas muy puntuales y poco masivas: foros, actividades para
niñas y niños, actividades deportivas o culturales, cabildos sobre NO+AFP. Pero todas muy débiles y sin inserción territorial
significativa.
Más
allá de que no sólo es legítimo sino necesario el crecimiento de los partidos
políticos del FA, falta una mirada estratégica acerca del rol de los comunales
y los territorios, a saber: por un lado, el FA no es un pacto electoral, más
bien busca fundar un nuevo pacto social (de ahí la necesidad de participar en
las asambleas feministas, zonales NO+AFP, sindicatos, movimientos estudiantiles
y socioambientales, juntas de vecinos), y por otro, elementos constitutivos de
lo que se ha llamado el “frentamplismo” se han invisibilizado: primarias,
plebiscitos, transparencia, participación y diversidad, consultas ciudadanas y
a las bases, posicionamiento en los medios de comunicación, ciudadanización de
la política.
No
se trata simplemente de trabajar en conjunto y motivar el desarrollo de las y
los “independientes”, sino de fortalecer territorios y el ánimo frenteamplista
(que debe llegar a convertirse en una cultura política frenteamplista). De
hecho, “independientes frenteamplistas” es un concepto demasiado amplio y vago;
pese a ello, busca dar cuenta de estas
ideas de ciudadanización de la política. Sin embargo, se puede detallar más su
constitución y así resaltar su importancia: hay frenteamplistas orgánicos o
activistas (muchos de los cuales han llegado a la conclusión de que aportan más
allí que en la militancia de un partido), hay quienes sólo están inscritos o
inscritas, y también sólo quienes simpatizan y apoyan en la votación. Todas
ellas y ellos son necesarios. Hay que tener en cuenta a estos tres modos de ser
frenteamplistas (además de la militancia), porque es sin lugar a dudas el ánimo
frenteamplista lo que nos puede generar mayor vínculo social y rendimiento
electoral.
Se
está avizorando ya, por las dinámicas y rencillas entre los partidos, que la
cuestión de cómo se resolverán las candidaturas para las elecciones municipales
generará controversia. Y el mundo frenteamplista coincide en que las y los
candidatos deben estar previamente legitimados por el trabajo en el territorio,
el vínculo social y la consecuencia en torno a los principios del FA, y que no
debe ser un acuerdo cupular o entre partidos… Esto es una preocupación actual,
de manera muy adelantada, porque está propagándose la sensación de que las
decisiones sólo se toman “por arriba”, ejemplo de esto es la postergación del
Congreso Orgánico.
También
se considera que actitudes como las de los diputados Boric y Mirosevic son
negativas y que sólo contribuyen a generar desconfianzas o divisiones, porque
ocupan su rol parlamentario para instalar ideas que no han sido dialogadas ni
orgánica ni políticamente, no representan a la mayoría u obligan a las bases a
entrar en una dinámica de dar explicaciones o excusas con otros actores
políticos territoriales, ya que se desdibujan los verdaderos objetivos del
FA.
Del
mismo modo, el mundo frenteamplista hace hincapié en la necesidad de consolidar
la transparencia, tanto económica como en la información. Esto es lo que hay
que impulsar, aquí está el Frente Amplio y sus Principios: en un Chile para
todas y todos, respetuoso del medioambiente, independiente del poder
empresarial, que ciudadanice la política y donde los derechos sociales y
humanos sean la base de una democracia plena, con unidad en la diversidad de
las fuerzas de cambio, con vocación participativa, democrática y plural.
Publicado en Rebelion.org
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246632

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