ENFRENTAR AL FASCISMO
7
de Septiembre.
1. ¿Y CUÁNDO
REACCIONAMOS CONTRA LOS REACCIONARIOS?
¿La
agrupación neonazi Movimiento Social Patriota (MSP) está de moda? Están
intentando ganar popularidad con consignas simples como: “Pedófilo muerto,
problema resuelto”, “El que no aporte, se deporta”, “Con mis hijos no te metas:
no a la dictadura gay”. Tienen una página web donde publican sus ideas, usan
redes sociales y ya la televisión ha empezado a darles tribuna.
El
MSP quiere ser la propuesta “nacionalista” al malestar social, la
deslegitimidad de la política y los políticos, la desigualdad y las injusticias
sociales y económicas vigente en Chile. Así disfrazan sus actos e ideas
neonazis bajo consignas sociales, intentando representar a los sectores
trabajadores y de clase media. De esta manera han estado sumando miembros y por
lo tanto capacidad de movilización en sus actos de propaganda.
El
sistema político, judicial y policial podría estar haciendo la vista gorda.
Porque si consideraran realmente la peligrosidad de las agrupaciones e ideas
fascistas, incluso el Presidente de la República y los distintos presidentes de
partidos políticos deberían pronunciarse ya, rechazando totalmente tales
acciones e ideas. ¿O es que el gobierno los va a encontrar útiles para
justificar sus políticas públicas en torno a la migración? ¿O les acomoda que
las acciones del movimiento neonazi llamen la atención de la opinión pública
para distraerlos de los errores sistemáticos del Gobierno a nivel
comunicacional? ¿O el sistema político va actuar recién cuando alguien resulte
muerto? ¿O les parece bien que el MSP podría implicar gastos de recursos y de
tiempos a los movimientos sociales que tengan que desplazar sus acciones propias
a labores antifascistas como festivales antirracistas, contramanifestaciones y
actos de oposición?
Es
más, ¿quién o qué nos asegura que sus miembros no vayan a querer acceder a
puestos políticos en las próximas elecciones municipales? ¿Cumplen las fuerzas
armadas u otras instituciones del Estado con la enseñanza de valores
republicanos, democráticos y de no discriminación?
Hay
que deslegitimar política y socialmente al MSP, hay que ampliar la
desaprobación social; iniciar una respuesta rápida contra los neonazis y esto
se hará desde la sociedad civil. El sistema judicial, la policía y el Gobierno
actuaran muy lentos, si es que actúan. Hay que disputar la hegemonía cultural
en los barrios, las poblaciones.
Es
cierto que estas operaciones antifascistas pueden poner en riesgo la seguridad
de las personas y organizaciones, exponiéndose a actos de venganza del MSP. Se
van a intensificar las acciones antifascistas, pero eso implicará que los
grupos neonazis también se radicalicen.
Los
neonazis deben ser vencidos por todos los frentes: por los medios de
comunicación y las redes sociales, en tribunales y el sistema de justicia, por
la política y la policía, por el gobierno, el parlamento y las leyes, y
especialmente en la sociedad civil, en los barrios, poblaciones, en los centros
de trabajo, donde debe impulsarse una conciencia política solidaria.
La
sociedad chilena debe llegar a considerar como inaceptables a la agrupación
MSP. Cada vez que se hable de ellos por televisión, debemos manifestarnos por
redes sociales, desaprobando su sola existencia; cada vez que se vea una
consigna o afiche del MSP, deben ser destruidos. No se puede tolerar la
intolerancia.
Es
necesario generar un movimiento de jóvenes antifascistas, compuestos por punks,
hiphoperos, agrupaciones de tinkus y batucadas, ska y reggae, centros
culturales, miembros de circos y centros deportivos. No hay que perder terreno
ante los neonazis. Esta es una gran oportunidad para generar un movimiento
solidario y de politización en la sociedad civil.
2. CHILE: CALDO
DE CULTIVO PARA EL FASCISMO.
Desde
2011 a la fecha, tras el movimiento estudiantil, han surgido movimientos de
protesta y resistencia al malestar, la desigualdad y el despojo que el modelo
neoliberal produce: movimientos socioambientales, comunitarios, mapuche,
feministas, de derechos humanos, por la salud pública y las pensiones dignas.
Incluso podemos decir que el Frente Amplio emergió también como el actor
político e institucional entre estos movimientos sociales. Pero en los últimos
dos años, hemos visto surgir también otros movimientos, que no se caracterizan
−como los anteriores− por una salida democrática y progresista al malestar y
deslegitimidad del modelo económico, las instituciones y la política, sino por
una alternativa reaccionaria y conservadora.
La
candidatura de José Antonio Kast y luego la creación de su organización Acción
Republicana; el partido Evópoli, que detrás de una fachada liberal resguarda un
discurso conservador, continuista y de renovación de la derecha política; el
triunfo electoral de Piñera y el apoyo popular de quienes fueron denominado (en
un acrítico acto de simplificación) como los “fachos pobres”; las muestras de
racismo, xenofobia y el extendido discurso contrario a la migración de
colombianos y haitianos; el estampido de grupos evangélicos; el bus de la
libertad y su consigna “con mis hijos no se metan”; la reacción contra el
movimiento feminista y LGTB+; quienes se oponen a que las personas puedan
decidir sobre su propio cuerpo, en los casos de identidad de género, aborto y
eutanasia; quienes se oponen al matrimonio y adopción por personas del mismo
sexo; quienes hoy abogan por la pena de muerte para pedófilos, pero que no se
opondrían a respaldar un “retorno de la pena de muerte”; y el grupo neonazi o fascista
Movimiento Social Patriota. Son estos
algunos ejemplos de la ola reaccionaria y conservadora que avanza por Chile,
elementos reactivos contra una modernización democrática.
Así
pues, tanto estos sectores reaccionarios y conservadores como los democrático-progresistas,
tienen en común la crisis de legitimidad y el malestar social producido por el
modelo neoliberal y el régimen político existente. Fenómenos como la
precariedad de los servicios públicos, de la vida de las familias, los barrios,
la inseguridad, el machismo, los frágiles vínculos sociales, el fuerte
individualismo y consumismo, los enormes niveles de endeudamiento, la
precariedad laboral y la desigualdad social, la explotación de los bienes
naturales, la corrupción, la mimetización entre política y negocios, nos está
volviendo una sociedad reactiva.
Ante
la expansión del modelo neoliberal, la desregulación de la economía, la
imposición de los intereses del mercado y los grandes capitales por sobre el de
las personas y comunidades, destruyendo así el tejido social, hoy se reacciona
buscando la “protección y regulación social”. Este es el fenómeno que Karl
Polanyi describió en su obra de 1944, La
gran transformación, y en especial lo que denominó con el concepto de
“doble movimiento”: desde la expansión y desregulación de los mercados a las
demandas de proyección social. Pero esa protección y regulación bien pueden
tener una forma democrática y progresista, u otra reaccionaria y conservadora.
En ambos casos, se busca la movilización de la sociedad civil y la disputa por
el sentido común, así como del poder del Estado.
Dicho
esto, es interesante destacar dos elementos: la actitud reactiva de los
sectores populares y de clase media precarizada, que principalmente desde su
rabia y frustración se dirigen contra los últimos en la escala social, siendo
ellos los penúltimos; y la necesidad de fortificar la alternativa
democrático-progresista, ante el riesgo de que se fortaleza la vertiente
reaccionaria, conservadora y protofascista. No obstante, ambos elementos van de
la mano, puesto que el fascismo no es sino, precisamente, un “movimiento de
masas”, compuesto por los que llamamos “los penúltimos”.
Éstos,
los penúltimos, ante tanto ahogo, frustración, precariedad, movidos también por
el miedo y la incertidumbre, y afectados por la incapacidad de hacer frente a
las verdaderas causas de sus penurias (vale decir, la precarización laboral, el
endeudamiento, el individualismo, la falta de servicios y derechos sociales),
les resulta más inmediato reaccionar contra “los últimos”: migrantes,
homosexuales, delincuentes pobres, mapuches.
Si
no se consolida un proyecto político y social alternativo, democrático y
progresista, corremos un enorme riesgo de retroceso en Chile, de involución
democrática. Este desafío implica comenzar a ponernos de acuerdo en lo
fundamental, a pesar de las diferencias, sobre todo porque existe en nuestro
país una “derecha sin complejos”, dispuesta a evitar a toda costa los cambios
fundamentales que requiere esta nación; crear una agenda para la justicia
social, los servicios públicos y la distribución de la riqueza; hablar a las
personas, familias y comunidades con un lenguaje transversal, claro y directo,
centrado en sus necesidades y aspiraciones; entender que elementos
fundamentales para la ciudadanía, como por ejemplo la seguridad y las
instituciones, son expresiones de la búsqueda por una vida digna e integral,
para que nadie se sienta abandonado.
La
alternativa que construya la protección y regulación social que hoy chilenas y
chilenos anhelan, tras tanto despojo producido por la desregulación del mercado,
debe venir de los sectores democráticos y progresistas, para reconstruir la
nación, el Estado y la república, donde quepan todas y todos; en especial,
donde penúltimos y últimos generen nuevos vínculos sociales, dejando atrás la
competencia, el individualismo, la segregación y la discriminación.
3. SOBRE LOS
FACHOS POBRES.
La
idea de “ignorantes” suele no expresarse, pero sin duda está latente en la expresión
“fachos pobres”, como una causa por la que los pobres llegan a ser fachos: si
es pobre y apoya o vota a la derecha, es ignorante.
La
expresión se ha usado por largo tiempo, llegando incluso a manosear el sentido
común. Y surgió a la luz de la evidente adherencia de capas populares a los
partidos políticos o caudillos de la UDI y RN, específicamente en el ámbito de
la gestión municipal. Paradigma de ese apoyo es José Manuel Ossandón y el
municipio de Puente Alto. El calificativo vuelve a aparecer en las redes
sociales para describir el alto apoyo electoral que obtuvo Sebastián Piñera.
La
expresión “fachos pobres” se usa como si fuese una explicación. De ahí la
jerarquía de esta palabra invisible: “ignorantes”. Pero verdaderamente,
¿explica algo? No sólo no explica nada, sino que a la vez que responsabiliza a
un actor (el pobre) por dar su apoyo a la derecha, genera un distanciamiento o
des-responsabiliza a quien emite el juicio: los responsables de que la derecha
gane elecciones serían los fachos pobres.
Esta
forma de seudoexplicación se parece muchísimo a un concepto considerablemente
más sofisticado utilizado por la ortodoxia marxismo para explicar la reticencia
de los sectores populares para sumarse al movimiento obrero, siendo
inconsecuentes con sus condiciones materiales: “la falsa conciencia”. Y si
agregamos que una derivación de la “falsa conciencia” es que no puede ofrecer
una visión verdadera o fiable de la realidad, nos acercamos más a la idea de
que los “fachos pobres” (inconsecuentes) son también ignorantes. Todo esto
implicaría también que habría una visión culta, verdadera e inteligente de la
realidad social.
Pero,
¿tan ignorantes son los “fachos pobres”? ¿Tan alienada de su propia realidad es
su conciencia? ¿Hay que ser inconsecuente para dar su apoyo a sectores sociales
a los que claramente no pertenecen?
Lo
cierto es que lejos de ser “ignorantes”, los sectores populares, las personas,
familias, vecinas y vecinos, hacen un cálculo racional al dar su apoyo a la
derecha. Por rudimentario e inmediatista que sea, ven allí una conveniencia y
buscan una mejora para sus propias condiciones materiales: el colchón
antiescara para la abuelita postrada, la silla de ruedas para el padre con
parálisis, la beca para hacer el curso de conducir para la nieta o nieto, etc.,
etc. Ciertamente, ese racionamiento se sostiene en una cultura del individualismo
y la beneficencia. Pero al reconocer esto, ya no podemos tomar distancia ni
des-responsabilizarnos porque los sectores populares voten derecha.
Entonces,
la problemática emergente no es ya por qué el pueblo da su apoyo a la derecha,
sino por qué la izquierda, los progresistas o quienes dicen representar
verdaderamente sus intereses no logran convocar o volverse una alternativa para
las personas y familias. Por lo demás, seudoexplicaciones —que no son más que
expresión de impotencia— como la de apelar a los “fachos pobres” o la “falsa
conciencia”, no contribuyen a acotar la distancia entre pueblo y política.
En
definitiva, los “fachos pobres ignorantes” quizá no sean ni de derechas ni tan
ignorantes. Cabría preguntarse entonces acerca de quién ha sido doblegado
verdaderamente por la falsa conciencia, es decir, por la falta de fiabilidad de
su análisis y poca comprensión de las condiciones materiales del pueblo.
¿No
será hora de hacernos cargos de nuestra testimonialidad, marginalidad y
dogmatismo a la hora de soñar con construir una mayoría popular, una
alternativa política y social?
Publicado en Revista De Frente
http://revistadefrente.cl/enfrentar-al-fascismo/

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